Contar muertos
“El número de suicidios al año en España supera al de muertos en la carretera”. No es un titular ficticio, que lo he leído el otro día en el ABC. La noticia seguía así: “El número de defunciones por suicidio en España durante el año 2005 fue superior al de los fallecidos en accidentes mortales en la carretera en ese mismo periodo, según se desprende de los datos facilitados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) y del último balance de Seguridad Vial del Ministerio del Interior, que se presentó a principios de 2007. Los muertos por suicidio fueron 3.381, mientras que los fallecidos en accidentes en la carretera (hasta 24 horas después de haber sufrido el accidente) fueron 3.332”.
Después de leer esto a uno se le pone la carne de gallina y se le clavan en las sienes “cienes” de preguntas cenagosas. ¿No decían que las informaciones sobre suicidios incitaban a que se cometieran más? ¿Basta con dar los datos con dos años de retraso? ¿Por qué nadie se preocupa de hacer una campaña para evitar los suicidios con paneles electrónicos en las calles, spots agresivos en la tele y quitando puntos al que tenga pensamientos auto homicidas? ¿Quizá la muerte de una persona que no conlleva gastos de compañías de seguros es menos gravosa que las provocadas por un accidente de automóvil? ¿Cómo se pueden prevenir los suicidios? ¿Vale más la vida de un conductor, peatón o viajero que la de un chico que se ahorca en su pueblo? ¿O que la de un anciano que se arroja al vacío? ¿O que la de una joven que se atiza tres frascos de pastillas? ¿Quién es el encargado de contar los muertos?
El otro día, comentando la noticia con algunos amigos, no querían creer el dato. Y surgían otras mil preguntas sobre el asunto. Es cierto que todos los estudios sobre información acerca de suicidios constatan que estas noticias incitan a su imitación; pero ¿no sucede lo mismo con los crímenes pasionales (ahora denominados “violencia de género”)? ¿Y con las agresiones a gays, inmigrantes, personas sin hogar…?
Me temo que la solución no es fácil y que doctores tiene la sociedad absurda y cercenada en la que vivimos para atajar esta sangría ciudadana. Yo, mientras tanto, seguiré rumiando la falta de información y no dejaré de preguntarme por qué hubo 3.381 convecinos que no encontraron ningún sentido a la vida. No lo entiendo.
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