Vasco consorte
Lo juro. En mi libro de familia lo pone bien clarito: Santiago Riesco Pérez, nacido el tal del tal del siglo pasado en “Madrid, provincia de Vizcaya”. Tal cual. Cuando lo vi me entró la risa y no dejé de comentárselo a familiares y amigos. Los de la cuadrilla de mi vasca esposa hicieron mucha chanza con el asunto; casi tanta como mis hermanos de sangre y los otros. “Como no les dan la independencia, se han anexionado la capital”, decía alguno llevándolo al terreno de las políticas terruñeras y pueblerinas.
Traigo esta historia a colación porque acabo de leer por Reyes la segunda entrega de la familia Terol sobre humor en el País Vasco, Euskadi, Euskalherría o las vascongadas (elíjase denominación según la sensibilidad electoral). “Ponga un vasco en su vida” es el título de este segundo volumen en el que las teorías del antropólogo estadounidense Conrad Aguirre se van confirmando por el autor (Óscar, de los Terol de toda la vida) con un toque de humor muy del estilo “Vaya Semanita” (exitoso programa de la ETB que aborda la actualidad vasca sin pelos en la lengua y riéndose de lo vasco a lo vasco. Terol fue uno de sus guionistas). El primer volumen de la trilogía, “Todos nacemos vascos” fue un éxito en ventas, el mismo camino que lleva este. En él he encontrado la razón que justifica mi naturaleza madrileña de Vizcaya: “Liarse con una mujer vasca es cazar una gacela a un kilómetro de distancia y con tirachinas: es difícil que caiga, hay que tener buen pulso, disparas y puede caer cebra o estampida de ñus. Pero merece la pena intentarlo: la mujer vasca dura ‘toda una vida’, como dice el bolero”. Zorionak amigo Santi, pienso para mí cada día. Zorionak. Felicidades.
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