Mi salud es mÃa
Cada vez estoy más convencido. La casta médica, con sus honrosas excepciones, se ha adueñado de nuestra salud, de nuestra vida. Cada vez estoy más seguro de que el tinglado está montado para que pongamos nuestra libertad en sus manos, para que les cedamos responsabilidades que no les corresponden, para que puedan decidir por nosotros. Y esto me subleva. Me rebelo, me niego a que un señor, por muy profesional que sea, por muchos tÃtulos que cuelgue en su despacho, me diga lo que tengo o no tengo que hacer.
Vamos a ver. Cuando estoy mal, cuando mi cuerpo, mi espÃritu, mis emociones, mi estado personal se ve afectado por cualquier causa (conocida o desconocida) acudo a un profesional para que me ayude a discernir, a encontrar el motivo de mi dolor, de mi desasosiego, de mi malestar. Entre los dos quizá lo encontremos. Luego él me dará su opinión y me ofrecerá posibles caminos par tratar de mejorar lo que no va bien. Entonces, llegados a ese punto, seré yo el que decida sobre mi vida. Sobre si me interesa sacrificar una parte de mà para salvar esa otra parte que se ve afectada. Yo, y sólo yo, he de tomar la responsabilidad sobre mi vida, sobre mi salud. El médico debe limitarse a explicarme lo mejor posible, y de modo que yo lo entienda, los beneficios y perjuicios del mal que me aqueja asà como de los remedios que propone para intentar solucionarlo.
El otro dÃa, casi sin querer, di con una de las honrosas excepciones. Me dijo que si querÃa podrÃa hacerme unas pruebas, pero que él no sabÃa lo que me pasaba, que quizá con esa prueba tuviéramos alguna pista, o al menos descartásemos algo, pero que yo tenÃa que ver si me merecÃa la pena. Mientras tanto, y para continuar con una salud moderadamente aceptable, me recomendaba usar ropas amplias, algodón, caminar un poquito más, secarme muy bien después de la ducha y cuidarme en la medida de mis posibilidades. Pero ni una pastilla, ni una crema, ni un fármaco “engañabobos” y “enriqueceindustrias”.
Seguro que a ti no te importa un carajo lo que me ocurra, pero quizá sà estés interesado en saber que el médico está a tu servicio, que tú eres el dueño de tu salud y que debe explicarte -sin trucos- lo que sabe y lo que intuye para que seas tú el que decidas. Que no son nuestros dueños y señores, que hay que acabar con sus absurdos privilegios y que no son más que trabajadores, como tú, que están para ayudarte, para servirte, para que te conozcas un poco más y puedas llevar las riendas de tu propia vida.
Busca cerca de tu casa la honrosa excepción, si no la encuentras, explÃcale a tu doctor que tu salud es tuya y que hasta aquà hemos llegado. Será saludable para los dos. Fijo.
Popularidad: 1%
Te puede interesar...
