No duermo
Los niños, como los que no tienen preocupaciones, se duermen enseguida. Y pasan la noche soñando bajito y del tirón. Hasta no hace mucho yo tenÃa esta soberana suerte de bucear sin botella casi al mismo tiempo que mi oreja rozaba la almohada. Desde hace unos dÃas me cuesta mucha radio y cientos de páginas conciliar el sueño y mantenerlo sin interrupción.
Ayer, sin ir más lejos, me desperté sobresaltado con la tele encendida en el salón. No sé bien a qué se debe, pero duermo a plazos y no descanso. Hasta que comencé a padecer este mal insoportable apenas recordaba los sueños soñados. Ahora, con tanto sofoco, susto y desasosiego, los malvados que protagonizan las surrealistas historias onÃricas que se desarrollan en mis largas noches de sueños envenenados y sin guión, me asaltan incluso con la luz encendida.
Mi Eva anda preocupada. Se despierta con mis interrupciones nocturnas. Le digo que tengo miedo y tiene que contener la risa. No sé qué es lo que pasa, pero hasta he pensado en matricularme en uno de esos cursos para aprender a dormir.
Supongo que tengo más preocupaciones que antes, o que olvido colgarlas en el galán antes de meterme en la cama, o que están escondidas bajo el nórdico esperando a meterme mano en cuanto bajo la guardia.
Y no quiero empezar con las drogas. Ni siquiera con prescripción facultativa. Lo que quiero es recuperar la paz nocturna, inundar mi noche de gruñidos roncos y placenteros, despertarme con la baba reseca bajo la barba de la mañana, volver a sonreÃr soñando sin recordar actores, argumentos ni finales.
No duermo y quiero. Vivo en un sinvivir.
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