8 Febrero 2012 – 14:40 | Sin Comentarios

No solo indignados: nos contamos por miles los ciudadanos molestos, enfadados, malhumorados, disgustados, irritados, cabreados, hartos de esos representantes políticos (¿nuestros o de los mercados?) que nos toman por idiotas insistiendo en que no hay …

Continuar leyendo »
Home » Victor Vela

Tarde

Escrito por victorvela el 11 Octubre 2006 – 17:21Sin comentarios

Apuro los últimos minutos del día para escribir unas letras apresuradas. Las prisas nunca fueron buenas consejeras, dicen, y menos ahora, con los agentes rebañanado puntos en las curvas de las autopistas. Debería estar prohibido lo que hago en este momento, arañar las teclas del ordenador para arrancar unas palabras tontas, estúpidas, apenas cosidas con el hilo casi transparente con el que cogen los bajos las gacelas sobremaquilladas del Zara. Dos palabras, zis zas, puntada y puntada y frase terminada. Y párrafo también. Punto y aparte.

Desde hace unos meses el tiempo se me escapa de las manos. Uno creía tenerlo bien amarrado, controlado incluso. Para eso se hicieron los relojes de pulsera, para mantener las horas atadas a tu cuerpo e impedir que se te vayan sin darte cuenta. Pero las agujas del reloj me hacen cortes de mangas y sacan su lengua metálica con la milimetrada cadencia del segundero. El tiempo me saluda burlón desde el reloj y solo cuando ya es tarde me doy cuenta de que las cosas fueron demasiado deprisa. De que el pasado ganó la carrera. De que el futuro ya está aquí. De que no hay dentro de una hora. De que las promesas del tiempo libre se evadieron como nubes de algodón en la feria. O algoa sí.

El problema, pienso, mmm, es que quizá llevo el reloj demasiado prieto. Solo me lo quito para ducharme. Ni siquiera para dormir. Mucha gente lo hace. Dormir sin reloj. Y soñar. Lo hacen y les sale bien. Se lo desabrochan y lo dejan junto a la mesilla de noche. Hay gente, dicen, que no invita al tiempo a su cama, que no permite que comparta con él la almohada. Ni los sueños. Y entonces el tiempo se queda fuera, mirando al que duerme, con su esfera perfecta, desde el otro lado de la cama. Mi gran error es que soy incapaz de renunciar a esa tiranía estúpida de las horas. Duermo con reloj. Y el ruido del segundero, tic tac, tic tac, me impide descansar. Debería aprender a dejar el reloj lejos del alcance de las sábanas, debería mirarlo menos, atender menos sus requerimientos de campanadas mudas. Solo entonces, quizá, no estoy seguro, podría darme cuenta de que en realidad el tiempo no corre tanto, que hay momentos muertos en el día que pueden resucitar con un poco de atención. Y debería aprovecharlos para escribir, para pensar estas palabras que ahora vomito, al filo de la medianoche, esperando que haya suficientes frases como para rellenar una columna a contrarreloj. Sí, creo que es suficiente. Al menos por hoy. Pondré el punto final ahora, en breve, sin extenderme mucho más porque, glups, se me ha hecho demasiado tarde. Fin.

Popularidad: -0%

No hay contenidos relacionados.

Publica tu comentario

Publica tu comentario ms abajo, or trackback de tu propia web. Tambin puedes Suscrbete a los comentarios via RSS.

Por favor, no te salgas del tema y no publiques spam.

Puedes usar estas etiquetas:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Si quieres tener tu propio avatar, puedes conseguirlo gratis en avatar.