Músicos
A mà también se me da bastante mal improvisar, Barreiro. Creo que es la condena que debemos vivir los esclavos del pentagrama, los que pensamos que la vida está bien como está, con la métrica matemática de los compases y su eterna combinación de notas y silencios. Y silencios. Y notas. Es seguro vivir entre esas cinco lÃneas, echando un vistazo al compás siguiente para entrever las notas e ir preparando la mano en el traste exacto, la tecla precisa que hará sonar la canción tal y como está marcada. De vez en cuando te permites algún lujo, algún puntillo bien colocado que le de gracia a la partitura o una sÃncopa irreverente que cambie el paso de la canción. Pero sin traicionar nunca la medida ni el compás. Es la condena de quienes vivimos para representar lo escrito por otros. La condena de los incapaces de improvisar sin meter la pata.
Y a uno le gustarÃa rebelarse. Improvisar, claro, eso. Y hacer los coros de las canciones de Quique González. Esa triste que dice Gorka, o esa otra tan esperanzadora de pájaros en el tejado y estrellas envueltas en páginas de bloc. Por desgracia, los grandes son demasiado grandes para imitarles o querer hacerles la voz segunda.
Emilio, primo, ¿estás a dieta? Lo de los Orbit y la operación Speedo me ha dejado descolocado. Voy a probar un bocadillo de Nocilla.
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