De políticos, ombligos y compromisos
Políticos
Tiene nuestra clase política un interés tan desmedido por el poder, que cualquier asunto de interés público les resulta insignificante si sus asesores intuyen que no acarreará un saco de votos fáciles. Tienen nuestros políticos un perfil tan bajo y unos argumentos tan pobres que creen poder engañarnos con un par de salidas de tono, con un “y tú más”, con una pose estudiada para los informativos de las tres.
Dice el académico Alatriste que tenemos los dirigentes que merecemos, que somos un populacho fácil de contentar y que esto nos pasa por creernos las sandeces que salen por la tele. Y no le falta razón al cartagenero de La Navata. Lo escribe casi de modo semanal, con rabia, el colmillo goteando cicuta y un rictus mal disimulado de resignación desesperada. Vamos, con la mala leche y el cabreo que reclama mi vecino, hermano y amigo Jorge Oliva desde su frontón (nada que ver con la pelota vasca, la piel contra la piedra, Julio Medem, el conflicto de Euskadi, la tregua permanente, sus variadas traducciones y la madre que parió a panete). Es lo que tiene.
Ombligo
Que me miro el ombligo, que no abarco más allá de un microcosmos minúsculo y cómodo, que hace falta más compromiso periodístico, que es muy fácil tirar la toalla, escupir contra las instituciones democráticas (o lo que sean), que queda muy progre y anarco lo de pasar de nuestros líderes de sonrisa fácil, eslogan de agencia y posturitas con asesoría mediática. Y no es el caso, lo juro.
Cuando era más joven yo no viajé en sucios trenes que iban hacia el Norte, pero sí que me leía los programas antes de ir religiosamente al colegio electoral para depositar un voto que valía menos que el de un soriano por motivos que desconocía. Un buen día, mi sociólogo particular, Mikel -hermano de viajes, vapores y otras hierbas- me contó lo de la maldita Ley Electoral del 78 y lo del injusto sistema D’Hont que anula por completo la esencia de la democracia. Ya sabéis: Un hombre, un voto. Y una mierda con patatas.
Compromiso
El 15 de marzo de 2004, en este mismo rincón, escribí un texto que encabronó a la nación preambular catalana y que a día de hoy me sigue proporcionando innumerables correos electrónicos con lindezas de todo tipo y amenazas que sugieren otra tregua permanente. Hoy, lo vuelvo a repetir. Por lo del compromiso y esas cosas del título: “Propongo que se cambie la ley electoral para evitar que un partido con el 2% de los votos (ERC) tenga más diputados (8) que otro con el 5% (IU) que sólo logra cinco. Propongo que las listas sean abiertas para poder votar a Rajoy y Zapatero en el mismo sobre, para eliminar a Llamazares de mi papeleta sin dejar fuera a Rosa Aguilar, al combativo Alcaraz y al eficiente Fausto Fernández. Exijo que los votos en blanco tengan representación en el Congreso con escaños vacíos y que el pueblo participe en las decisiones importantes que comprometen a un país”.
Mientras sigo creyendo en lo mismo, y a sabiendas de que soy incómodo para el sistema, seguiré apostando por la reforma de la Ley Electoral, por la verdadera democracia del pueblo y animando al Atleti sin tirar de Ballantines.
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De Madrid
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¿Por qué son del Atleti?
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