Alonsofobia
A veces el corazón no entiende de razonamientos. Es lo que pasa con algunos personajes mediáticos a los que, sin conocer personalmente, les cogemos una manÃa irracional, que no sabemos de dónde viene ni por qué. El último caso que he detectado en mis sentires es el de Fernando Alonso. Me cae mal. No sé el motivo, pero el tipo no me resulta simpático.
Quizá se deba a que ha popularizado un deporte que yo no entiendo como tal, o a que gana tanta pasta que me puede la envidia. Es probable que lo que más me repatee sea el hecho de que maneje los medios de comunicación desde una perspectiva tan comercial y profesional que me recuerda en sus formas a un polÃtico cualquiera en eterna campaña electoral.
TendrÃa que ser uno de mis personajes favoritos. Cumple con todos los requisitos para ello. Asturiano como mi sangre, idolatrado por mi sobrino, admirado por mis amigos, mediático como pocos… pero nada. Es probable que sus caprichitos, que su vida personal hábilmente dosificada en la prensa, que sus gestos de adolescente mal criado o el desprecio que muestra ante muchos de sus seguidores le hayan convertido en uno de mis personajes más denostados. Ya digo que a veces el corazón no entiende de razonamientos.
Lo cierto es que me fastidia sobremanera ver a todo un paÃs siguiendo las carreras de coches que hasta hace dos años a nadie importaban. Me revuelve las tripas el marketing y la parafernalia del mercadeo que envuelve todo este rollo. La venta de gorras azules, pegatinas de margaritas, videojuegos, cervezas cero-cero, relojes y un sin fin de productos avalados por la falsa sonrisa de un conductor de coches con el riñón forrado.
Y lo peor es que los que se quejan de nacionalismos y demás estupideces mentales asociadas a una polÃtica decimonónica que ha llegado hueca de contenido hasta nuestros dÃas, son los que defienden la españolidad y el patriotismo de un piloto de carreras que vive en Inglaterra, corre para un equipo francés y sólo utiliza España para vendernos cualquier producto que ayude a incrementar su patrimonio.
Alonso, aunque no tengas la culpa, me caes fatal. Que lo sepas.
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