Picoletos con estudios
Mi cuñado es un químico universitario reconvertido a telefonista, o teleoperador, o como coño lo quieran llamar para que no suene tan real. Además de compartir el cariño de mi hermana tenemos otros puntos en común que alivian nuestras esporádicas conversaciones sin tener que batirnos en duelo hablando de fútbol. El pobre es un madridista irredento. Pues bien, nuestros gustos literarios y cinéfilos son aproximados, de ahí que cuando cumple años le regale el libro que quiero leer y viceversa. Suena egoísta pero simplemente es práctico. Además, entre cuñados no hay rencor.
El otro día, aprovechando que mi hermana es una cocinera excepcional, me autoinvité a su casa con mi ilegítima aprovechando la excusa de devolverle el último libro que leí por su cumpleaños. La última recopilación de semanales que Arturo Pérez Reverte publicó bajo el título No me cogeréis vivo. Un fenómeno el académico. A poco me quita las ganas de seguir jugando a periodista sin columna. El cabrón.
Total, que entre bocado y bocado el fulano del vikingo que aún no me ha dado sobrinos va y me suelta que ha descubierto a un escritor de los buenos. Lorenzo Silva , me dice. Y quiero que me suene, pero no logro ubicarle en mi desastrosa agenda mental. Siempre he sido un necio para retener nombres propios. Y ajenos. “En realidad el tipo escribe bien, pero la clave son sus personajes”, me endiña el consorte de mi hermana.
En el café no pude más y le pedí todo lo que tuviera a mano del tal Silva. “No sé si me quedará algo” sentencia entre sorbo y sorbo al tiempo que recuperaba su cigarrillo del cenicero. El muy inconsciente es de los que sigue prestando libros a cualquiera que se cruza en su camino. Al rato aparece con dos novelitas (La niebla y la doncella< y La reina sin espejo) amén de una recopilación de relatos breves con el sugerente título de Nadie vale más que otro. Releo las solapas, veo el careto del escritor y sigo apurando mis meninges para ubicarle. No hallo evidencias concluyentes.
Era viernes. Comencé por los relatos breves. Me sorprendí a mí mismo enganchado al género negro, a las historias de asesinatos y crímenes varios solventados por una pareja de picoletos que me han acompañado durante todo el fin de semana. Y lo confieso, sólo he despegado los ojos de la letra impresa para celebrar el triunfo del Atleti.. Aunque para mi deshonra debo admitir que me produjo más placer resolver unos cuantos casos acompañando al sargento Bevilacqua y la cabo Chamorro. Y lo peor es que se lo debo a mi cuñado merengue.
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Animo al redactor -arriba no firmante- a corregir las erratas del texto de la noticia.
un saludo