Mi barrio, my house
Por cierto, en mi barrio no vive el Inquietante, ni mucho menos el Inquietante con Barba, pero sÃ, Imelda, lo reconozco, yo también he tenido muchas veces la sensación, quizá deseo, de vivir en una telecomedia. Ya no digo de prota, me conformo con secundario gracioso que arranca aplausos por sus ocurrencias. Algo por el estilo. Me gustarÃa caminar por la vida con la verborrea de Joshua Limman, la falta de prejuicios de Phoebe, la sinceridad faltona de House (qué grande, le dedico el segundo párrafo) y la agresividad cronometrada de Jack Bauer. Incluso molarÃa que mis meteduras de pata fueran del tipo George O’Malley, con la posibilidad de salir siempre airoso de las peores situaciones. A veces me siento dentro de un capÃtulo de novela de Paul Auster, con personajes que miran mi deambular por la plaza desde lo alto de su balcón, o que espÃan mis paseos por Internet desde el otro lado de la ventana. O me imagino en el interior de una página de Almudena Grandes, todo el dÃa sin resuello, de aquà para allá, con el estrés en la mochila y ni un solo punto y aparte donde pararme a descansar. En mi barrio no vive la Tristeza Femenina ni El Castigador. O quizá sÃ. Pasan por mi lado y esperan que me fije un poco más en ellos, que no vaya tan pendiente de mis cosas y les regale unos segundos, apenas un par de ellos, para mirarles a los ojos y pensar en un mote divertido con el que bautizarles y dejar que entren en mi ajetreada vida de telecomedia. Mi barrio no es tan divertido como el de Imelda. Y creo que es por mi culpa. Creo que tengo que empezar a fijarme más en mis vecinos. Y que ellos se fijen en mÃ. Hay vida más allá de los tÃtulos de crédito. Hay gente al otro lado de la página. Digo.
House, primo, nunca se habla lo bastante de él. Eso creo yo. El CSI de los gérmenes, como dijo aquel, aunque no tenga nada que ver. De House, JB, no me canso. Al menos, de momento. El problema es que suelo cansarme muy pronto de las filias (las fobias me cuesta un poco más). He descubierto que cuanto más viejo soy más quiero a las personas y cosas que odio. Cada vez, glups, me veo más House. ¿Será grave, doctor?
Grande esa fábula de Barreiro, con ribetes criptológicos a lo Dan Brown (pero en plan bueno, ¿ein?). Por cierto, me encantan las fresas. Pero es que son tan caras fuera de temporada…
Por cierto, Unermano, que a mà Lorenzo Silva no me gusta mucho. Leà Carta Blanca y no me terminó de convencer. Y lo que más recuerdo de La flaqueza del bolchevique es la mirada desasogantemente lasciva de MarÃa Valverde, haciéndome burla desde la portada de libro. El marketing, a veces, mola taaaanto.
Por cierto, mi espermatozoide ha muerto. Descanse en paz.
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