Enfermedad o asÃ
Anda mi cuñado con unas anginas que le duplican el tamaño del pescuezo. El bueno de mi padre ha cogido un gripazo preocupante con derrame ocular y colirio al canto. Un compañero de trabajo está de baja con su recién estrenada paternidad y, aunque es catalán, sólo dispone de tres dÃas para disfrutar de su pequeño y acompañar a su chica.
Y yo, que no me centro. Que se me han pasado las fiestas familiares de las buenas y de las polÃticas, y no consigo organizar mi trabajo. Tengo la mesa que da asco, como cada mes, como cada rato que me pongo a pensar lo desordenado que soy, lo poco que produzco y lo calamidad que puede llegar a ser una persona que sufre de un mal desconocido; por bautizar.
¿Qué me pasa doctor? No tengo ganas de ponerme a hacer nada, y mire que me gusta mi trabajo, pero no hay modo. Es sentarme en la silla a escribir y me entran ganas de ver la tele. Me pongo a ver la tele y me apetece leer un libro; abro el volumen a estrenar y recuerdo que hay que tender la ropa, que tenÃa que hacer una llamada, que no he comprado el pan. Enseguida vuelvo a sentarme y leo el correo electrónico. No contesto ni la mitad, me pongo a navegar. Vuelvo a las mismas páginas en un recorrido maquinal. Me entra la sed, ganas de volverme a duchar, no me entra más lÃquido en la tripa, se me acaba el champú y comienza a lloviznar. Vuelta a recoger la ropa tendida, a ver la tele, a tumbarme en el sofá. Abro el libro una vez más, me levanto y pienso en qué voy a cenar.
No puedo seguir asÃ. Bautice esta mi enfermedad, descubra el nombre de marras o póngale uno al azar. Lo mismo me da que le llame depresión, dispersión o muerte emocional, necesito saber lo que tengo, aunque sea autismo laboral. Sólo le pido, doctor, que llame de algún modo a este mal. No puedo vivir con algo a lo que ni siquiera puedo nombrar.
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