Obras, microluces y burbujas
Siempre he defendido la Navidad. Sobre todo cuando me encuentro con gente a la que le deprime, le aburre, le trae malos recuerdos y se convierten sin quererlo en los protagonistas de un cuento en blanco y negro del Dickens más aborrecible.
Tiene la Navidad un significado tan cristianamente pagano que lo mismo me siento una burbuja boicoteada de Freixenet que un pastorcillo con un lechal por bufanda frente al pesebre. El nacimiento de Dios es lo que tiene, que te llena de ilusión y buen rollo para todo el año.
Sin embargo, de un tiempo a esta parte, la codicia comercial de los empresarios de la cosa se ha empeñado en saturarnos adelantándonos la Navidad casi dos meses. Y claro, lo poco agrada, lo mucho cansa y este desfase encabrona a cualquiera. Incluso a mÃ, que soy el más firme defensor del dÃa del orgullo humano. SÃ, suena un poco raro, pero para los humanos que creemos en Dios es todo un orgullo que éste decidiese hacerse hombre y nacer entre nosotros. Y que lo hiciese de una señora judÃa y en mitad de un viaje, sin acudir a una clÃnica privada y despreciando la mayor exclusiva de la Historia.
Pues eso, resulta que el faraónico Gallardón ha decidido encender las nosecuantasmil microluces (te cagas) que iluminan la capital de las obras, las zanjas y las lÃneas amarillas el pasado sábado 26 de noviembre. Como temiendo que se le adelantaran los corteingleses y carrefures . A él, que siempre es el primero en todo. A él que la luz le sale gratis, a él que ya no sabe como llenar de distracciones la ciudad para que los sufridos conductores consigan pasar de pantalla entre soterramientos, cimentaciones, tuneladoras y urbanizamientos varios.
Está claro que las fiestas se conocen por las vÃsperas, pero cuando los prolegómenos son tan prolongados, prolijos y procelosos, a uno se le pone una mala leche que acaba odiando la fecha y desea con todas sus fuerzas que pase cuanto antes.
Para colmo los de la loterÃa, que empezaron a venderla en agosto, siguen anunciando el gordo con un calvo. El espÃritu de la Navidad. ¿A quién quieren engañar?
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