Regreso del Brasil
He estado tres semanas en Brasil por motivos de trabajo. El país es grande, tan grande que para visitar los cuatro estados y las seis ciudades en las que me he movido he tenido que coger ocho aviones e invertir incontables horas en furgoneta, minibús y cuatroporcuatros recorriendo caminos y carreteras de asfalto sembradas de buracos.
Ahora que se van colocando las experiencias vividas en mi interior puedo decir con toda seguridad que Brasil es una fábrica de desigualdades. La pobreza que me ha tocado conocer no tiene parangón con lo que en Europa denominamos con ese adjetivo remendado de rentas mínimas. En Brasil los ríos son ríos, las montañas son montañas, los ricos son ricos y los pobres son eso, pobres, muy pobres.
Los compañeros me preguntan por Lula, pero no he tenido ocasión de encontrármelo. En un país con un territorio equivalente a 17 Españas y con 170 millones de habitantes, es difícil hacerse una idea de la situación por mucha televisión que se vea, por muchos periódicos que se lean, por muchas entrevistas y preguntas que se hagan. De todos modos uno siempre acaba forjándose una opinión, aunque en este caso yo mismo me desautorice por la falta de días o la parcialidad de las fuentes consultadas.
M he movido con distintas oenegeses brasileiras y todas coincidían en lo mismo: Lula ha defraudado a los pobres porque los pobres esperaban una revolución inmediata, y las cosas llevan su tiempo. Le disculpan de los casos de corrupción porque aún no le han salpicado directamente, y todos están de acuerdo en que es lo menos malo que le podía pasar a un país acostumbrado a gobernantes sinvergüenzas y ladrones que sólo tienen ojos para calcular los dividendos de sus cuentas en paraísos fiscales.
“Si hoy hubiera elecciones, salía otra vez Lula” me aseguran los líderes del Movimiento Sin Tierra, coincidiendo con el diagnóstico de los responsables de distintos Centros de Derechos Humanos, con los cortadores de caña de la Usina de Catende, y así hasta el último de los habitantes de un país favelado que comparte miserias y desigualdades en una misma calle.
Brasil es tan grande que no me cabe en la columna.
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Felicidades, Ricar
Noticia del Brasil