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Novato

Escrito por admin el 26 Octubre 2005 – 18:47Sin comentarios

Querido espermatozoide:
Nadie te lleva de la mano, no habrá pañuelo de madre para secar, si es necesario, las lágrimas del primer día. Miras tu reflejo en los escaparates de cada tienda para descubrir que, pese a todo, no te llamas Alicia. Te preguntas qué has desayunado esta mañana, qué has comido al mediodía y cómo ha conseguido la magia que, con sólo un bocado, hayas pasado de ser la mayor a la más pequeña. El país de las maravillas. Dejas atrás los pasillos y clases del instituto, territorio que conocías como la palma de tu mano, sabías dónde estaban las grietas en cada pared y dónde en cada compañero. Con los ojos cerrados eras capaz de llegar a la cafetería, a la máquina de las fotocopias, al rancio salón de actos, al despacho del jefe de estudios. Los profesores sabían tu nombre y alguna vez te felicitaron por un dictado bien hecho, un problema bien resuelto, una cuenta bien sumada. Han pasado tres meses y vuelves a ser la hermana pequeña. La Universidad, primer día.

Apenas recuerdo mi primer día de Universidad. La sensación sí, pero no sé qué ocurrió exactamente, si lo que recuerdo era mi primer día en Periodismo o el segundo. O el tercero. A lo mejor lo que recuerdo como primer día de Universidad es una mezcla de lo que ocurrió la primera semana. No estoy seguro. Me veo sentado en el pupitre, descubriendo a los profesores, a los nuevos compañeros. Lo curioso de mi clase, en Salamanca, es que la mayor parte de la gente era de fuera: Valladolid, Zamora, Burgos, País Vasco, Galicia… y pocos de Salamanca, lo cual era una ventaja porque, en mayor o menor medida, todos nos encontrábamos un poco fuera de lugar. Como Gran Hermano, pero barnizado de cultura. O algo. Te vas presentando, y se te presentan. Y te dicen nombres que olvidas a los cinco minutos, ¿perdona, cómo te llamabas? Y te los repiten, y se te volverán a olvidar a los diez. Y por temor a preguntar de nuevo, esperarás a que alguien pronuncie de nuevo su nombre para poder memorizarlo. Ruth, Ruth, Ruth, se llama Ruth.

El primer día todos son tan majos, tan simpáticos, tan entrañables y divertidos… O casi. Supongo que te habrás topado con alguien que pretende ser más de lo que es. Y seguro que, de entrada, te ha caído mal. Desconfía. Puede ser tu mejor amigo en tercero de carrera. Las cosas funcionan así. Durante la primera semana te juntas con unos, te sientas a su lado en clase y escapáis juntos a la cafetería. Os dais el número de teléfono móvil y la dirección de correo electrónico. “Si mañana falto, me dejas los apuntes”, les dices. La primera semana. A mí me ocurrió. Las personas con las que comencé sentándome en la facultad no se convirtieron en mis mejores amigos de los años de estudios. No tengas prisa, querido espermatozoide, irán apareciendo poco a poco. Y donde menos te lo esperas. Vigila a tu alrededor, porque tu mejor amiga se sienta cinco bancos más atrás, en el otro extremo de la clase… y quizá no la descubras hasta diciembre. O febrero, en época de exámenes… O el curso que viene. Nunca se sabe. Los ojos muy abiertos.

No te agobies por los apuntes, siempre habrá alguien que los pille mejor que tú y a quien se los puedas pedir para completar. Nunca te fíes del todo de las lecciones de los demás. Ahorra para las fotocopias, que serán muchas (bueno, depende de la carrera que hayas elegido, las mías fueron muchas). Pregunta aunque te llamen empollona o repelente. Discute con los profesores, que es lo más sano que hay. Sáltate clases si el café y la compañía merecen la pena. Disfruta de octubre y noviembre porque otoño y universidad es una combinación cojonuda. Apunta las sensaciones de este primer día de clase, porque lo más seguro es que mañana o al otro, o al día siguiente, apenas lo recuerdes, y en tu cabeza sólo quedará el recuerdo de la primera semana o del primer mes. Apunta con quién te sentaste, con quien hablaste, quién te cayó bien y quién mal, qué hiciste este primer día de Universidad. Anótalo y lo guardas. Y no lo vuelvas a abrir hasta que termines la carrera. Al cabo de los años te sorprenderás. ¿Cómo pude haberme sentado con éste el primer día? ¿Y cómo no hablaría con este otro, si ahora es mi mejor amigo? Mira, con ésta ya me hablaba desde el principio. Siempre que puedas, guarda la sensación del primer día.

Disfruta mucho, mucho, mucho de todo lo que te viene por delante. No tengas prisa por volver a casa. Disfruta de los cafés, de las patatas bravas y las claras a media mañana, de las partidas de tute o de mus o de brisca, de las horas muertas en un banco frente a la facultad, cena fuera, haz el tonto en la biblioteca, comparte el bocadillo, nunca vayas sola al baño, sueña con la cabeza de otro, haz planes, inventa tonterías y proyectos para no hacer sola. Pide bolígrafos prestados y métete con los profesores tumbada en la hierba del campus. No cierres los ojos, querido espermatozoide. Y disfruta.

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