Eclipse sorpresa
Querido espermatozoide
Te juro que a veces parecemos imbéciles. O algo peor. La última tonterÃa con la que los humanos nos hemos entretenido durante esta semana (nadie se acuerda ya de, ay, cómo se llamaba… ¡eso! Fernando Alonso) es el eclipse anular. Dicen que no volveremos a ver uno parecido hasta agosto del 2026 y como todos sabemos que por aquel entonces estaremos ocupados (tocará mudanza, visita al dentista o debate sobre el estatú, vete a saber), pues nos hemos lanzado como locos a la calle, con unas gafas cutres pero eficaces, a ver cómo la luna le hacÃa al sol un quÃtate tú pa ponerme yo. Y estas cosas, como que nos ponen. No tenemos ni idea de astronomÃa, ni falta que nos hace, pero basta que tres periódicos nos digan que lo del eclipse es la hostia para que salgamos a la ventana con los ojos sin legañas. Uno pensaba que lo del eclipse habÃa sido ya hace tres años, pero no, resulta que es que el de ahora es anular. Acabáramos. Es algo parecido, pero no igual. Como los donuts y los dupis. O algo asÃ.
El caso es, querido espermatozoide, que el entretenimiento patrio de este comienzo de semana ha sido mirar al cielo (cara al sol, glups) porque nos han dicho que lo que allà ocurre es algo fuera de lo normal. Supongo que lo que nos ha llamado tanto la atención es el hecho de que se haya roto la armoniosa y plácida insensatez de la rutina, que hayamos encontrado una chinita en el colchón de plumas de la cotidianidad (uyyyy, qué palabra) y mola pensar que aunque el sol sale todos los dÃas (y encima por el este, qué previsible), pues de vez en cuando existen sorpresas inesperadas a la vuelta de la esquina, según coges la quinta galaxia a la derecha. El problema es que los enteradillos nos joden la situación y nos avisan con tiempo de que se acerca una luna en la carretera hacia el sol, de que mañana examen sorpresa, hay fiesta de cumpleaños en tu casa. Y etecé.
Y asÃ, mientras miramos al sol con unas gafas de cartón reciclado, en la radios nos invitan a hacernos preguntas profundas y en ese plan. Que si fÃjate el universo lo grande que es y lo poco que conocemos de él, que si hay que ver lo de la traslación y la rotación qué bien contorlado lo tienen por allà arriba (y nosotros aún sin coordinarnos en la operación salida), que si vaya espectáculo increÃble que tardará años en repetirse. Nos hacen creer que lo extraño está a millones de kilómetros de años luz, nos obligan a ponernos unas gafas de tetra brik para mirar un efÃmero anillo de fuego mientras a nuestro lado, justo aquÃ, codo con codo, desdeñamos cientos de señales que nos pueden responder a las mismas cuestiones de filosofÃa jorgebucay (ese hombre). Creemos, mirando al sol, que todo, hasta las sombras, está milimétricamente calculado y afortunadamente, por aquà abajo, cada buenos dÃas es distinto, hay noches que llueve al otro lado de la ventana (cada vez menos, snif) y en ocasiones, de vez en siempre, los autobuses llegan tarde. Tampoco está mal lo inesperado. Los astrónomos deberÃan aprender el significado de la palabra sorpresa. Y tú también, primo.
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