Rosa Montero: “No me siento especialmente polémica ni intelectualmente sola”
ROSA MONTERO (Madrid, 1951). Estudió Periodismo y Psicología mientras colaboraba con grupos de teatro independiente como Tábano y Canon. Ha publicado en diversos medios de comunicación (Pueblo, Hermano Lobo, Posible, Fotogramas, etcétera) y desde 1976 trabaja en exclusiva para El País. En la actualidad publica una columna semanal en la última del diario y una quincenal en EPS: En 1980 ganó el Premio Nacional de Periodismo para Reportajes y Artículos Literarios. Además de las novelas Crónica del desamor (1979), La función Delta (1981), Te trataré como a una reina (1983), Amado amo (1988), Temblor (1990), Bella y oscura (1993), La hija del caníbal (Premio Primavera 1997) y El corazón del tártaro (2001), también es autora de un libro de cuentos –Amantes y enemigos (Alfaguara, 1998)– y de varios vinculados con el periodismo –España para ti para siempre (1976), Cinco años de país (1982), La vida desnuda (1994), Historias de mujeres (Alfaguara, 1995), Entrevistas (1996), Pasiones (1999) y Estampas bostonianas y otros viajes (2002)–. Ha publicado La loca de la casa, una reflexión sobre la imaginación y la literatura.
LA ENTREVISTA
1. ¿Qué es una columna?
En una sociedad democrática, los medios de comunicación son el espejo en el que la sociedad se mira para conocerse, para intercambiar ideas, para afinar sus propios pensamientos, para debatir puntos de vista distintos, para controlar los diversos poderes. Y estas funciones tienen su máxima expresión en los articulistas. Es decir, los columnistas (y los editorialistas) serían algo así como la versión contemporánea del ágora pública, ese espacio común en donde los ciudadanos intercambian ideas y llegan a consensos. Por eso las columnas son importantes y por eso las leemos, y por eso cada cual tiene columnistas preferidos, que son aquellos que están más cerca de sus propias ideas y que de algún modo le sirven de portavoz en ese debate general. Creo que es muy difícil que las columnas cambien la opinión de nadie, al menos de manera tajante… En general, las columnas sólo convencen a aquellos que ya estaban previamente en tu mismo universo de ideas. Pero sí es cierto que las columnas sirven para desarrollar esas ideas generales, para hacerlas evolucionar, para aclararlas. Nosotros mismos, los articulistas, vamos desarrollando y mutando nuestros pensamientos, al hilo de las cosas que pasan, de lo que la gente comenta, de lo que vas reflexionando y también de lo que sostienen otras columnas divergentes… de ahí lo del debate abierto que antes decía. Pero de ahí a cambiar la opinión de alguien…. muy difícilmente. Eso sí, en alguna rara ocasión (en 25 años de articulismo sólo me ha pasado tres o cuatro veces) tu artículo puede servir para denunciar una injusticia concreta y contribuir a enmendarla. Recuerdo, por ejemplo, el caso de una ecuatoriana que había sido condenada a una monstruosidad de años de cárcel por infanticidio. Saqué su historia en una columna, se hicieron eco muchos otros medios y al final anularon el juicio y le hicieron otro que terminó con una sentencia mucho más justa.
2. Publiqué mi primera columna en…
Creo que fue en 1978 o 1979, también en la última página de El País. No recuerdo de qué hablaba. Me la propuso Juan Luis Cebrián, que era un director rompedor y audaz capaz de hacer algo así, dar una columna de última a una pipiola como yo. Creo que mis opiniones forman parte de ese debate público general, de ese conjunto de opiniones diversas. El conjunto es relevante y muy necesario, pero ninguno de los columnistas somos imprescindibles. Y sí, claro, creo que tengo un estilo… Después de tantos años, es lógico tenerlo.
3. ¿En qué se inspira para elegir tema?
Todos los articulistas cuidamos constantemente una especie de huertecillo de ideas en la cabeza. Vas recortando noticias, vas tomando notas de cosas que se te ocurren en cuadernillos… No tienen por qué ser necesariamente ideas claras de columnas, son sólo cosas que te hacen pensar. Y, cuando se acerca la fecha de cierre, vas al huerto y miras a ver qué hay. A veces sacas una zanahoria hermosa y suculenta, pero a veces te encuentras con el huerto agostado, o quizá tú te encuentras mal, con gripe, o cansado, o concentrado en otro problema, y entonces no ves ninguna idea apropiada…. Pero, claro, aún así tienes que escribir algo, y en esas ocasiones es cuando escribes un artículo malísimo. De cuando en cuando escribes algo horroroso, es inevitable. Pero llevar el huertecillo en la cabeza, con las ideas madurando constante y lentamente, te ayuda a evitar que los artículos malísimos sean la mayoría (o eso espero). Los artículos del EPS y las columnas de última son para mí cosas muy distintas. Los primeros son mucho más personales, más literarios, más de pensamiento, más libres. Como el EPS tarda casi quince dias en imprimirse, me siento liberada de la actualidad más acuciante. En las columnas de última, en cambio, siento una especie de responsabilidad social. Sé que ésto puede sonar ridículo y hasta petardo, pero soy muy consciente del inmenso valor que tiene ese espacio en prensa, sobre todo en un gran periódico como EL PAÍS, y de alguna manera me parece que debo estar atenta a las posibles injusticias, a la gente más débil, cosas así… Los artículos quincenales los escribo con total libertad y ni se me ocurre la idea de hacer un libro con ellos. Yo sólo he hecho dos libros que fueron concebidos desde el principio como libros, aunque antes los sacara por capítulos en el EPS, y no eran de artículos, sino de ensayos biográficos (“Historias de Mujeres” y “Pasiones”). Sólo he sacado un libro de recopilación de artículos (“La vida desnuda”), hace un montón de años. Me han pedido muchas veces que hiciera nuevas recopilaciones, pero no termina de convencerme demasiado. Esos volumenes son útiles y hay lectores a los que les gusta tenerlos, pero, no sé, no me apetece mucho llenarme de libros que en realidad no fueron concebidos como libros y que son de alguna manera redundantes porque es un material ya publicado.
4. Alguna columna que me haya traído problemas…
Uf, hay montones de artículos que me han traído problemas a lo largo de los 25 o 26 años que llevo publicando columnas… Pero también me han dado muchísimas gratificaciones y hay mucha gente que dice estar de acuerdo conmigo (lo que antes decía de la pluralidad de ideas y del debate). Yo procuro reflexionar y pensar por mí misma, cosa que no es fácil y que no siempre consigo (los lugares comunes del pensamiento son una plaga, son parásitos endémicos de nuestro cerebro) y eso te deja por lo general más desprotegida, porque no repites las ideas sancionadas por un grupo social stablecido. Pero, vamos, yo no me siento especialmente polémica ni intelectualmente sola.
5. ¿A mano o a máquina?
Las notas las tomo a mano en cuadernitos, pero los artículos los escribo en ordenador. Soy una verdadera forofa de internet y de las nuevas tecnologías. Y siempre hay nuevos líderes de opinión, se van renovando todo el rato, en internet y en todas partes. Los blogs pueden tener mucha gracia… yo soy asidua lectora de un par de ellos.
6. ¿Censura o autocensura? ¿Hay asuntos de los prefiere no escribir?
La libertad de expresión absoluta no existe, naturalmente. Siempre nos autocensuramos cosas, algunas por proteger a alguien (no dices cosas que te han contado para no delatar a tu informante, o para no ponerle en una situación difícil, por ejemplo), otras porque no puedes demostrarlas fehacientemente y temes que te busquen complicaciones judiciales, o porque son temas candentes y no tienes la opinión demasiado clara y temes la responsabilidad social que pueda derivarse de tu artículo (temes enconar ánimos ya demasiado enconados, por ejemplo), en fin, cosas así. Y desde luego todos nos autocensuramos “económicamente”, por así decirlo, porque no escribimos contra los intereses de nuestra empresa editorial. Es decir, puedes escribir contra la opinión editorial de tu periódico en uno o muchos casos concretos, pero no vas a escribir poniendo a parir a tu empresa, como es obvio.
7. El mejor columnista de España es o ha sido…
Me gustan y me han gustado muchos. Pero si tengo que escoger uno, creo qu Juan José Millás ha creado una nueva manera de hacer columnas, ha recreado el género, y eso es admirable.
8. La libertad de opinión tiene como límite…
Ya lo he contestado antes.
9. Nunca sería columnista de…
Pues como llevo en este mundo muchísimos años y empecé a trabajar con 18 y sé lo que es la necesidad económica, creo que no me negaría a trabajar en ningún medio si no tengo más remedio que hacerlo para subsistir. Bueno, hablo de los medios “normales”, es decir, no trabajaría en un libelo fascista, por ejemplo. Pero, si no hay otra opción, sí en un periódico de derechas o en una revista de fútbol (y odio el fútbol).
10. ¿Todas las opiniones son respetables?
Desde luego que no. Hay opiniones que matan, que torturan, que producen víctimas. Sólo son respetables aquellas opiniones que parten del respeto a un estado de derecho y a la dignidad y la integridad de las personas.
11. ¿Cómo escribe sus columnas?
Pues las escribo como puedo y cuando puedo. Por lo general, en mi despacho, en casa. Pero también he escrito columnas en aviones (muchísimas), en salas de espera, en hoteles y en los sitios más insospechados.
ENLACES RELACIONADOS
-Página web de la escritora
-Artículo en wikipedia
-Artículos y entrevistas en El País
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