Plagiador
Copiar es cada vez más fácil y barato. Leo en un digital que han pillado a un fulano por plagiar columnas de opinión. Es lo último que uno podÃa esperar. Yo, como mucho, me he atrevido a entrecomillar algunas cartas de mi amigo Mikel, a citar escritores consagrados o a jugar con los textos de mis mitos literarios sin pasar del retruécano facilón que cualquier iletrado reconocerÃa como una adaptación forzada y presurosa. Y esto sólo cuando ando con la columna colgando y el reloj clavándome las agujas en el trasero.
Fusilar textos es ruin y barriobajero. Cuando se cobra por el plagio, además, es una estafa penada con talego, multa y suspensión por los siglos de los siglos. Amén.
Mal está que un periodista escriba sus crónicas sin salir del hotel, preguntando a la recepcionista y sonsacando al camarero entre cerveza y cerveza. Está fatal que los profesionales de la información limiten sus fuentes a lo más cercano, que no contrasten, que no acudan al lugar de los hechos y cuenten lo que ven, oyen, huelen y sienten con sus propias palabras. Tampoco es de recibo escribir la noticia del dÃa después de leer la prensa local marcándose un refrito que las rutinas informativas devoran y pierde interés en el mismo momento de su concepción. Pero copiar la opinión… eso ya es para nota. Porque hay que ser muy nota para no tener criterio. Hay que ser un auténtico garrulo con falta de confianza en sà mismo para no saber poner por escrito lo que el corazón bombea al cerebro. Aunque esto demuestra el antiguo adagio periodÃstico de que no hay que dar nunca nada por supuesto, ni siquiera que haya gente con cerebro o, al menos, con capacidad suficiente para ponerlo en marcha.
Lo peor del asunto es que el copista en cuestión era nada menos que el subdirector de un periódico. Lo cual viene a corroborar otra vieja teorÃa que rula, desde tiempo inmemorial, en el mundo laboral (en particular en el periodÃstico): si eres un inútil, te harán jefe.
Mientras tanto, nosotros, en sincolumna seguimos regalando nuestros puntos de vista, tratando de cuidar la redacción y el léxico, por el módico precio de que algún lector nos remita su aportación, su bendición, o algún virus cabrón que nos disturbe este ocio peculiar de opinar sin cobrar.
Es lo que tiene. Ya te digo.
Popularidad: 1%
No hay contenidos relacionados.
