La Iglesia, qué cruz
Acaba el plazo para presentar la declaración de la renta. Y mi hermano, que me conoce y me ayuda con estos menesteres pecuniarios de mi desastrosa economÃa, siempre pone la cruz para el mantenimiento de la Iglesia. Somos católicos, qué le vamos a hacer. Como si uno no tuviera bastante con ser periodista y del Atleti. Menudo vitae. Ideal de la muerte para pedir trabajo en el grupo Prisa.
Resulta que el próximo sábado, el 18 de junio, nuestros obispos nos invitan a salir a la calle para secundar la manifestación convocada por “una organización civil” con el lema: “la familia sà importa”. Y eso me hace menos gracia aunque esté completamente de acuerdo en lo de la familia y su importancia, ya lo creo. Más que nada porque nosotros somos seis hermanos, cinco cuñados y cuatro sobrinos. Todo un clan de corte asturiano aunque en ocasiones nuestro comportamiento sea siciliano.
“La causa es justa. Nos hallamos ante una cuestión de la mayor trascendencia moral y social que exige de los ciudadanos, en particular de los católicos, una respuesta clara e incisiva por todos los medios legÃtimos”, asà de clarita es la nota episcopal.
Los amigos de la revista Reinado Social han publicado al respecto (y antes de conocer la adhesión de los monseñores) un clarificador editorial en el que se cuestionan la oportunidad de tomar las calles. Y a mÃ, que soy un escéptico ante la cosa polÃtica, me ha dado por pensar. Sin forzar mucho las meninges, claro está.
Y se me atascan las sinapsis neuronales con preguntas del tipo: ¿Por qué nuestros pastores nunca van a las manifas? ¿Cuándo fue la última vez que los obispos nos pidieron que saliésemos a la calle? ¿La manifestación del 18 es sólo para apoyar a la familia? ¿Por qué se han cabreado tanto nuestros egregios purpurados con la aprobación del matrimonio homosexual? Pareciera que la ley obligase a casarse a todos los gays españoles y no se trata de eso. Me da que sólo se trata de dar cobertura legal a un grupo de ciudadanos que no tenÃan los mismos derechos que el resto, lo cual es no sólo democrático sino evangélico. ¿Significa esta ley que las familias tradicionales vamos a perder algún derecho? Porque si es asà y no me he enterado, entonces estaré en la cabecera de la manifestación, de lo contrario no podré sumarme al numerosÃsimo grupo de militantes populares y fervorosos hermanos de religión que tomarán las calles en obras del Madrid preolÃmpico para ¿apoyar a la familia? ¿protestar contra el gobierno? ¿rechazar la igualdad de derechos? ¿comprobar la capacidad de movilización? ¿resucitar las dos Españas? ¿fomentar la fractura entre la iglesia jerárquica y la iglesia de base? Si nuestra Iglesia continúa asÃ, fijo que no encuentro nunca trabajo en el grupo Prisa. Y lo que es peor, que cada vez me sentiré menos querido, regido y pastoreado por mis obispos. Sólo espero que Hacienda me devuelva y que lo del sábado se olvide pronto para que podamos seguir amándonos los unos a los otros.
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