Hace tiempo
Hace tiempo que no escribo de ello. Me reclama unas letras sentidas Walter Aaron. Y es que la escritura cambia con la vida, pienso en mis adentros. Sin embargo yo también me echo de menos. Añoro con amargura los tiempos en que me enfrentaba con dolor al folio en blanco, con furia enardecida a veces, con la distancia que da el reposo de penas y alegrÃas, con el cigarro nocturno en la ventana y la música de Sabina en las entrañas.
Pero la vida cambia, y con ella –me repito- la escritura. El tiempo es cada vez más caro, la utopÃa sólo un tema de conversación, se cotizan a la baja altos ideales, el plan de pensiones es ahora la principal ilusión.
Hace tiempo que me lo vienen pidiendo. Que resucite al poeta que vergonzoso se esconde en mi interior. Sigo buscándolo y no lo encuentro. Quizá nunca haya estado dentro de mÃ, es posible que lo mate cada mañana el rutinario timbre del despertador. O que cuando intenta salir, una nube de ocupaciones, de facturas y reuniones impidan que se muestre al desnudo, que exhiba emociones a bajo coste.
Pero lucho porque vuelva el instinto. Me convenzo del trabajo bien hecho, del efecto balsámico de un escrito descalzo, auténtico, sincero y con respeto. Aunque las musas estén cansadas de avisarme, trataré de que no me excluyan de su horario de visitas.
Hace tiempo que se me perdieron las metáforas, que no descubro palabras adecuadas para atornillar los conceptos. Demasiado tiempo que no recibo respuestas, que los estertores del verbo aconsejan un tratamiento de choque para mi escritura. Busco en los cajones figuras literarias, imágenes descongeladas que no huelan a revenidas, palabras prestadas que no suenen repetidas.
Hace tiempo que me ha cambiado la vida. Hace tanto tiempo que no me habÃa dado cuenta. Lo siento Walter, lo siento.
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