Estatuas e historia
Las estatuas me huelen a muerto. No lo puedo remediar, lo siento. Es ver una escultura en medio de cualquier calle, plaza o parque y ni siquiera me da por pensar lo que hizo o dejó de hacer ese señor (pocas veces señora) por el bien de la humanidad.
Y es que yo siempre pienso, ingenuo de mí, que sólo se levantan esculturas, bustos y estatuas ecuestres a los hombres (y muy pocas veces mujeres, ya digo) que aportaron algo nuevo y beneficioso a los costaleros de la historia, a los que nos apretujamos en el metro y vamos escribiendo la vida con letra pequeña. Vamos, que las reproducciones en piedra y metal sobre pedestal con cagadas de paloma sólo se dedican a los que han sido capaces de poner una negrita, un pequeño titular, una cursiva o quizá un punto y aparte en la Historia oficial que se estudia en la EGB, la ESO o lo que se le ocurra al ministro (cada vez más, ministras) de educación e incultura que nos toque alimentar.
Viene este rollo a cuento de la movida que se ha montado en Madrid con la retirada de la estatua ecuestre del dictador Franco. Un señor que gobernó España durante casi cuarenta años y que, a juicio de los ministros y ministras (esta vez en la misma proporción) del Gobierno, no existió.
Pues bien, cuando yo estudiaba el BUP, mi profesor de Latín, don Braulio, nos hacía aprender algunos adagios que recuerdo con orgullo y agradecimiento. Historia est magistra vitae era uno de ellos. Es la segunda vez en este mes que lo recuerdo con pena y rabia. La primera fue cuando un profesor de “Historia de Euskal Herría” en un pueblo vizcaíno me contaba cómo sus alumnos, chicos y chicas de 16 y 17 años, no sabían quiénes eran los Reyes Católicos. Alguna de las mozas que se sentaban en el aula ni siquiera sabía pintar correctamente los colores de la bandera española en su estuche y, para colmo, la identificaba con el término fachas que, con toda seguridad, tampoco sabe a qué se refiere.
Me duele reconocer que las estatuas no me hagan tilín, que me huela a muerto hasta el busto de Pantic, el héroe atlético del doblete. Pero más aún me duele que los responsables de que no olvidemos la Historia, los que deberían fomentar su estudio para que no volviéramos a tropezar dos veces con la misma piedra, traten de borrar todo vestigio del pasado. Lo mismo me da que sea quitando estatuas que sacándolos de la ESO.
Es lo que pasa por tener una ministra de cultura que ha sido cocinera antes que fraila. Miseria de vida, oyes.
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