Juanjo tiene un plan
A veces la vida te lleva a la noticia cuando tú intentas descansar de ella. Andaba yo por tierras vascas, visitando a la familia polÃtica, y me encuentro de morros con el lehendakari. Ya ves, lo que son las cosas. Uno, tan tranquilo, desenvolviendo con retraso los regalos que el Olentzero le habÃa dejado en la margen izquierda, y el clon del Capitán Spok se me aparece rodeado de ertzainas, beltzas, escoltas, prensa, fervientes peneuvistas de la margen derecha, los borrokas de apellido extremeño, el orfeón sestaotarra y tres manifestaciones para animar la mañana. Euzkadi es diferente, doy fe.
Era la inauguración de la boca de metro de Sestao, donde la naval, las barricadas del expediente de regulación de empleo, los prejubilados de IZAR y la industria que ha sostenido durante más de un siglo la economÃa de las antiguas vascongadas y de todo el paÃs. Una industria que ahora desaparece y que quieren compensar con la llegada del metro para asà no tener que cruzar la rÃa en el viejo gasolino, ni tan siquiera por el puente colgante que identifica la tierra del botxo. Aunque mi euskara es absolutamente nulo, no tuve problemas para entender las pintadas y las consignas que le arrojaban al señor del plan las tres manifestaciones que, con intereses bien distintos, pero en un mismo lugar, proponÃan al señor lehendakari un plan alternativo que no fuese tan Ibarretxe como el que quiere aprobar en referéndum. Por cierto, que aún no se sabe si votarán sólo los ciudadanos vascos o si también lo harán los que tienen la nacionalidad aunque sean ciudadanos de otra comunidad autónoma, paÃs, e incluso continente. Un lÃo, vaya.
Volviendo a las manifas. Mientras, en la carpa instalada en el kasko los forasteros nos tomábamos un txacolà y esperábamos que Ibarretxe asomase las cejas para que sacaran los pintxos, ya habÃan desplegado su plan propagandÃstico al más puro estilo Goebbles los batasunos. Unos enormes altavoces en los que insultaban a todo lo que se meneaba -siempre en castellano, claro-; una enorme pancarta con el sÃmbolo del acercamiento de los presos vascos a las cárceles vascas estaba situada en un lugar estratégico. La asamblea de trabajadores de la Naval pedÃa explicaciones por otro lado y un sindicato de siglas desconocidas recordaba que habÃan muerto tres trabajadores en las obras del suburbano que se inauguraba.
Mis amigos de Euzkadi se rÃen y dicen que exagero, pero lo cierto es que cada vez que voy de visita me encuentro con alguna manifestación. Lo único en lo que se ponen de acuerdo los habitantes del PaÃs Vasco es en que no están de acuerdo entre ellos ni con los demás. Muy de Unamuno. Como decÃa el sabio profesor bilbaÃno cuando llegaba a la tertulia del café: “De qué están hablando, que me opongo”.
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