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8 Febrero 2012 – 14:40 | Sin Comentarios

No solo indignados: nos contamos por miles los ciudadanos molestos, enfadados, malhumorados, disgustados, irritados, cabreados, hartos de esos representantes políticos (¿nuestros o de los mercados?) que nos toman por idiotas insistiendo en que no hay …

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A dentelladas

Escrito por santiagoriesco el 18 Enero 2005 – 19:54Sin comentarios

La culpa es de mi madre. De ella no sólo he heredado mi capacidad de contar historias y una sensibilidad especial por las manifestaciones artísticas; sus genes me han transmitido unos piños bien colocaditos, blancos y tal, pero con querencia a dejarse meter mano por cualquier dentista cercano.

Y es que mis primeros recuerdos están asociados a una silla de cuero blanco, una lámpara alumbrándome la cara y un señor asomándose a mi boca como si de una cueva se tratara.

Endodoncias, coronas, empastes, limpiezas, extracciones, pernos, fundas y antibiótico. Anestesia, enjuague, radiografía, torno eléctrico, me toca un nervio, más anestesia, empaste, la cuenta. Me duele el euro.

Esta semana he vuelto a darles un capricho a mis molares y caninos. Les he llevado a estrenar dentista. También es argentina, como la penúltima. Me puso siete chutes de jeringa en las encías y salí pensando que tenía los morritos más sensuales del barrio. Lástima que por sacarme una muela irrecuperable y repasarme el esmalte con un cepillo eléctrico me clavase 100 euros del ala y una cita para el lunes siguiente. Eso si que me da miedo. Temo que nuestros encuentros se conviertan en un trasvase de fondos sin facturas. Me da que conmigo cambia de coche.

Lo que más me indigna de todo esto no es que mi madre me haya legado en herencia unos dientes de fogueo, ni siquiera que los dentistas se ganen la vida con mi salud bucal. Lo que me resulta alucinantemente bochornoso es que tenga que pagar como si de un artículo de lujo se tratase. ¿Tan pocos somos los pacientes de la caries?

Resulta que la Seguridad Social, a la que cada mes le meto unos cientos de euros en la cartilla, sólo quita. Ni arregla, ni sustituye, ni recupera, ni reconstruye. Hablamos de dientes, colmillos y muelas. Ya sabemos que si te quieres poner un pene o transformar tu cuerpo en el de una mujer, lo tienes completamente subvencionado. Y me temo que esa operación ronda los 9.000 euros.

De modo que, visto el panorama, y tras consultar el presupuesto de mi nueva odontóloga bonaerenese, no sé si dejar que se me pudra la boca, dejar de pagar la Seguridad Social o escribir a dentelladas contra el abuso de los dentistas y la complicidad de nuestro sistema sanitario.

En la próxima columna me los como. O me pongo otro pene para darles por el 2005.

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