TDK
Hubo un tiempo en que todo un mundo cabÃa en una TDK, esa cinta transportadora que rellenabas como se organizan los álbumes de fotos, atesorando recuerdos, secuestrando momentos para poder recuperarlos luego, más tarde, a voluntad. Añoro esos tiempos en que las tardes de domingo eran una larga travesÃa por los discos de mi padre, los casetes de otros amigos o la ruleta rusa del dial para encontrar, como quien halla un tesoro, esa canción que tanto tiempo llevaba tarareando y que guardarÃa ahora, para siempre, en un cajón de noventa minutos. Llenarlo no era sencillo, podÃa tardar varios dÃas hasta encontrar todas las canciones que querÃa, colocarlas en el orden deseado, evitar que ruidos molestos entorpecieran el paso de una pieza a la siguiente. HabÃa que pensarse muy bien lo que entraba y lo que quedaba fuera, el mismo rigor con el que las madres preparan la maleta antes de salir de vacaciones. Lo indispensable… y alguna concesión a los caprichos.
Mis TDK de ahora son carpetas amarillas que relleno con pasión de bulÃmico y consumo con los desequilibros del anoréxico. Atesoro cientos de canciones que nunca he llegado a escuchar pero que ocupan sitio en el disco duro, como ese suéter inútil con el que cargas en la maleta y que nunca llegas a utilizar. Benidorm es lo que tiene. Las canciones son tan fáciles de conseguir como un abrir y cerrar de ojos (clic, clac) y la selección natural antes deseable – quedaban los mejores- ha dado paso a una anarquÃa sin jerarquÃas donde los kas se reparten sin sentido, como los caramelos en una cabalgata de Reyes.
TodavÃa conservo esas cintas, paridas en una tarde de domingo. Ayer visité alguna de ellas.Al escucharlas de nuevo, recibe uno las sensaciones de quien se reencuentra con amigos del instituto. Años después. Cada uno siguió su camino y no todos han envejecido bien. Los hay con entradas en los estribillos, canas en los coros y unas inquietantes arrugas en el tránsito de los acordes. A algunos hasta les sienta bien el paso del tiempo. Hay canciones, como amigos, que se cruzaron un par de veces en tu camino y que conservaste en una esquina de la cinta, en un recodo de la memoria, y que ahora vuelven a visitarte con fuerza. Hay canciones que nunca has dejado de frecuentar, aunque ahora vivan en una aséptica vivienda con forma de cedé. Y hay canciones, recuerdos, que creÃas enterrados y que aparecen de súbito, inesperadamente, al fondo de la cinta, en el oscuro callejón que forman los últimos minutos de una TDK. CreÃste haber acabado con ellos al grabar otras canciones encima, pero el pasado se asoma de nuevo en las notas deshilachadas de sonidos que pensaste borrados y aún siguen mandándote mensajes desde el más atrás, cacofonÃsa desde el fondo de tu memoria, los estertores últimos de una casete. Hubo un tiempo en que todo un mundo, y sus alcantarillas, cabÃan en una cinta TDK.
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