Finales
Estaba marcado con una equis, pero nunca pensó que el tesoro serÃa tan grande. El nuevo John Long Silver se relame de gusto, con un ratón sobre su hombro y la tabla de surf a los pies, mientras maneja el navÃo camino de un puerto (uesebe o lo que sea) donde atracar (con erre o sin ella, a gusto del consumidor). Dicen que el nuevo pirata aprovechó un descuido en la imprenta (quizá fue allÃ, los duendes y esas cosas) y se llevó un disquete con el nuevo mundo dentro. Fue tan sencillo como abrirlo en otro ordenador, darle al manzana pe y que la impresora comenzara a escupir una obra maestra. Memoria de mis putas tristes. Folios malos, cuatro grapas y a probar suerte por las cantinas y semáforos, colocar el libro como en las novelas de piratas se trafica con mapas falsos o ron de garrafón.
Cuentan los periódicos que en Sudamérica ha sido una pasada, que se han vendido cientos de copias piratas de una novela que ni siquiera estaba en la calle. La editorial cifraba en muchos dólares las pérdidas y Gabo veÃa patatas en los bolsillos de esos trajes blancos de lino que saca en las fotografÃas. ¿Solución? Nada de traficar con libros, cero comunismo literario, quien quiera saber de mÃ, que pase por caja. Clinc, clanc. La solución que se le ha ocurrido (angelito, angelito) es escribir otro final para el libro fetén, el que tiene copyright y las pastas duras. Con lo cual, puede comprarse una novela en las librerÃas y otra, parecida pero no igual, en el top manta. Contaban los periódicos que con esto GarcÃa Márquez habÃa conseguido burlar a los piratas. ¿Ah sÃ?
Seguramente compre ese libro, no lo aseguro, quizá. Pero la comecome por conocer el otro final no me lo va a quitar nadie. Supongo que ahora los fans de Gabo estarán dispuestos a dar lo que sea para conseguir el otro, el supuestamente falso, el final que finalmente no es final y que se convertirá en pasto de coleccionistas. Porque si los dos han sido escritos por él, o sea, por el autor, el mismo autor, ¿cuál es la diferencia entre uno y otro? Quizá, oye, puede ser, el verdadero es el pirata y el otro es un final ortopédico que tuvo que improvisar, final recurso final, para no sentirse atracado (con o sin erre, de nuevo). Dice su editor, Braulio Peralta, que lo cambió (o sea, habÃa uno y luego puso otro). Fabular a última hora, como el niño travieso que ha sido pillado en falta por sus padres. En un mundo, llamémosle cultural, en el que se escriben libros y luego se depuran (Las edades de Lulú, for instance), se limpia y reordenan canciones (Let it be) o se corrigen lienzos para colocar bien las patas de un caballo (ahà está Velázquez), acaso el original sean las fotocopias y lo editado un sucedáneo de última hora. Improbable, pero posible, digo. Si has pillado alguna edición pirata de Memoria de mis putas tristes, no lo tires. Tienes un incunable, uno de esos libros que aparecen en los cajones de los escritores muertos y luego valen una pasta. Léelo con gusto, sabiendo que tienes una edición única. Y luego, si eso, nos cuentas cómo termina.
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