David Gistau: “El PaÃs es el diario más sectario que conozco”
DAVID GISTAU (Madrid, 1970). Su andadura columnera arranca en La Razón, donde sus columnas diarias consiguen una extraordinaria repercusión en Internet. Fichaje estrella de El Mundo, ahora colabora en varios medios de comunicación como tertuliano. Ha publicado el libro A que no hay huevos en la editorial Temascinco.
LA ENTREVISTA
1. ¿Qué es una columna?
DecÃa González-Ruano que la columna debÃa aspirar a ser, al mismo tiempo, poesÃa por la forma y ensayo por el fondo. En realidad, es el descenso de la literatura hasta el periodismo para aportar algo que no suele intentar el informador: una interpretación de lo que ya ha sido contado. Leemos columnas de opinión porque son cortas. Mucho más que un libro de ensayo, cuya lectura da pereza al lector urgente, a ése al que una columna leÃda en el Metro ya le permite llegar a la oficina con una opinión por expresar. Las columnas son imprescindibles. De hecho, son casi, además de las exclusivas, lo único que les queda a los diarios, que han perdido la batalla de la información rápida frente a otros medios más urgentes: internet, radio, tele, que cuentan lo que sucede doce horas antes que los periódicos. Por eso decÃa Montanelli que los periódicos van a quedar como refugio de la minorÃa que quiere leer.
¿Puede una columna cambiar el mundo?
Las democracias occidentales son regÃmenes de opinión. Es decir, que el periodismo de opinión sà puede derribar o colocar gobiernos, por ejemplo, además de crear o destruir prestigios en cualquier ámbito de la vida social. De ahà procede la obsesión polÃtica de controlar los medios: porque la opinión pública está moldeada por el periodismo, por las tertulias de la radio, por las columnas.
2. Publiqué mi primera columna en…
En La Razón, durante el primer año de existencia del periódico. Elegà como tema una matanza de turistas que estaban visitando la montaña de los gorilas donde investigó Jane Goodall. Creo que en Ruanda, pero ahora no me acuerdo. Me ofrecieron convertirme en columnista, supongo, porque el diario en el que trabajaba se estaba haciendo a sà mismo sobre la marcha. HabÃa por tanto más oportunidades de salir del banquillo para jugar de titular que en otros diarios más pétreos, más abastecidos, más definidos. ¿Cómo llegué a La Razón? En taxi. No sé conducir. ¿Qué me ofrece este periódico que no tengan otros para escribir en él? Libertad. Nunca uno sólo de mis folios me ha sido devuelto manchado, ni siquiera cuando he escrito algo que desafiaba la lÃnea editorial del diario. Esa libertad que siempre ha sido caracterÃstica de los diarios de Anson y que explica por qué La Razón es un divertido caos de columnistas tan opuestos que a veces se pelean los unos con los otros.
3. ¿En qué se inspira para elegir tema?
El tema me elige a mÃ, por lo general. Lo que sà procuro es ser variado. Es decir, que unas veces me interesa el gran acontecimiento que sale en titulares, otras una anécdota desde la cual se puede construir algo, otras un asunto personal que merece ser compartido. En lo que sà me he convertido es en un cazador de temas: siempre llevo la escopeta cargada por si un tema salta desde detrás de un arbusto. O sea, que a todo cuanto veo o escucho o vivo le busco sus posibilidades como columna. La sequÃa se supera con oficio, supongo. Recurriendo, a veces, a esa escritura automática, tramposa, que Ruano llamaba “vuelo sin motor”. Cuando se escribe todos los dÃas, hay que quitarse de encima la angustia de intentar ser bueno cada vez. Creo que tu lector lo sabe, y que puede perdonarte unos cuantos dÃas malos, siempre que no tarde demasiado en aparecer uno bueno, porque si tarda te abandona. Yo me consiento dos dÃas malos a la semana, dos dÃas de escribir sabiendo que mañana publicarás una mierda que habrás de compensar antes de que acabe la semana. ¿Reconozco un estilo como propio? Como Frankenstein su Monstruo, yo mi estilo, de joven, lo fui fabricando con pedazos robados a otros, a autores admirados. Pero creo que a estas alturas ya he templado una voz propia reconocible. Creo que lo he logrado hasta ese punto en que a un columnista se le reconoce por el estilo aunque no haya firmado. Últimamente he descubierto incluso, entre los recién llegados al oficio, a algún imitador que me roba pedazos para construir su estilo propio. Eso me hace sentir viejo.
4. Alguna columna que me haya traÃdo problemas…
Muchas, sobre todo las de argumento polÃtico. Pero sólo me odia gente cuyo odio es para mà motivo de orgullo. No se puede escribir para gustar. Se debe escribir decidiendo por quién te apetece ser odiado.
5. ¿A mano o a máquina?
Supongo que no te refieres a la masturbación, o sea que a máquina. Pertenezco a una generación que no hubo de pasarse al ordenador, porque desde el principio estuvo en el ordenador. Uso mucho Internet. Es increÃble hasta qué punto “google” ha agilizado las consultas. Aunque el peligro de “google” es que hace alcanzable un barniz de falsa cultura. De todos modos, me parece que Internet todavÃa es un cauce de expresión con poca entidad propia, con poca pegada. De hecho, internet vive mucho de rapiñar y comentar lo publicado en los diarios, y quien escribe sólo para un medio en internet se siente algo exiliado. Pero es cuestión de tiempo: sea cual sea el futuro, estará en internet.
6. ¿Censura o autocensura? ¿Hay asuntos de los prefiere no escribir?
La autocensura es el peligro principal de quien escribe para un medio. Por eso considero una disciplina personal el oponerme de vez en cuando a mi propio diario. Puedo haberme autocensurado en alguna ocasión en que la amistad asà me lo sugerÃa. Es decir, que puedo no haber dado algún palo porque lo habrÃa sufrido un amigo. ¿Es más peligrosa la censura económica o la polÃtica? Si por censura económica entiendes no escribir algo que pueda ofender por ejemplo a un anunciante, cosa que ocurre con demasiada frecuencia, ésta es más cutre. La censura polÃtica al menos te concede el prestigio del represaliado.
7. El mejor columnista de España es o ha sido…
De los actuales, Francisco Umbral. Porque es el único que trasciende mediante la escritura la fugacidad del argumento periodÃstico, además de haber inventado un lenguaje. Es decir, es el único del que se hablará dentro de cincuenta años.
8. La libertad de opinión tiene como lÃmite…
La verdad. La libertad de opinión -o de expresión- jamás puede justificar el atentar mediante la difamación contra el honor o el prestigio de alguien.
9. Nunca serÃa columnista de…
De ningún medio donde me devuelvan el folio con tachones. Lo serÃa de cualquiera donde me dieran libertad incluso para ir a veces contra ellos. Y donde me dieran mucha pasta, ya puestos. Pero soy un profesional: la cabecera de un medio nunca será mi bandera. En España, sólo Anson y Pedro J. admiten esas divergencias, que un periodista de una opinión contraria al medio en el que trabaja, a cambio de talento. En el lado opuesto, El PaÃs es el diario más sectario que conozco: resulta casi imposible encontrar una opinión opuesta a la lÃnea editorial.
10. ¿Todas las opiniones son respetables?
No, en absoluto. Tengo una prueba: las mÃas.
11. ¿Cómo escribe sus columnas?
Como escribo a diario, prefiero que la escritura se adapte a mi vida, y no al revés. Quiere esto decir que soy capaz de escribir en todo tipo de condiciones. He llegado a hacerlo mientras esperaba turno para ducharme, o en un coche mientras viajaba, o en la servilleta de un restaurante, o directamente dictando por teléfono mientras improvisaba. Cuando se ha sido reportero, el texto sale siempre, sean cuales sean las condiciones, y sin concederse caprichitos literarios como las manÃas.
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Espero que te llegue, David. Soy admirador tuyo, también soy madridista y no tengo que estirar los puños de la camisa para que no se me vean los tatuajes de los brazos. Empecé lo del fútbol viendo la final Madrid-Español (perdimos en la prórroga 2-3) y tenÃa 7 años.- Cuando esta mañana en Onda Cero se comentaba el anti-atletismo de los madridistas, tengo que justificar el mÃo que, por cierto, ya pasó. Mientras se construÃa el nuevo ChamartÃn, el Real juagaba en el Metropolitano, en cuyo lateral malhabitaban los socios del Aleti. En los partidos entonces -se perdÃan bastantes- se marcaban muchos goles y el sufrimiento de los aplausos a los goles del equipo visitante, no lo sé describir y cuando tienes pocos años ello se convierte en pasón cercana al odio. Venturosamente también, éste se pierde con los años.- Si te llega y contestas, muy agradecido de antemano. No daré mucho la lata, pero alguna cosa sé: mi padre fue -hasta que murió- 19 años vocal de la Junta con Santiago Bernabeu, y, mi hermano mayor, también lo fue hasta morir, en la mejor época de Mendoza.
Un saludo cordial, Eduardo Bermúdez