Ajuste de columna
Ayer estuve arreglándome la espalda. Después de unas vacaciones multiaventura en el Pirineo todo deberÃa volver a su sitio. Pero parece que los huesos de mi maltrecha columna no han querido obedecer. El quiromasajista ha encajado las piezas del puzzle vertebral y ahora puedo toser el tabaco sin que me duelan nada más que el pecho y el bolsillo.
DecÃa que fui a mi mecánico particular y mientras esperaba a sudar en la terma de humedades y a sufrir los aguijones acuáticos de la ducha escocesa, una señora setentona y su cincuentona sobrina hablaban en alto comentando las revistas de la sala de espera. Al poco rato me descubrà escuchando una conversación sobre la calidad y la cantidad de la vida, sobre cómo cumplir años con salud y gilipolleces del estilo. La más pelleja de las dos -restaurada, repintada y recauchutada- aseguraba que se podÃa detener el envejecimiento de las células y que los gobiernos no lo hacÃan porque convenÃa que la gente estuviese jodida. “Claro, es que hay muchas personas trabajando con los inválidos”, apuntaba su sobrina menopáusica.
Confieso que nunca me ha gustado hablar de temas serios con desconocidos, menos aún mientras espero a taparme las gónadas con una toalla para meterme en un recinto a oler eucaliptus y a sudar sin necesidad de cansarme. Pero aquellas dos tipas, en su estupidez, estuvieron a punto de dislocar mi serenidad, mi pasividad ante la idiotez humana, la indiferencia que ha anidado en mà mientras veo pasar la vida sin comentarios que den pie a una discusión inútil.
“Pues mira este chino, se ha curado él mismo su cáncer con unas hierbas”. Llegados a este punto no sabÃa si denunciar a la revista de mierda por las porquerÃas que habÃan publicado; si ponerle una denuncia al quiromasajista por admitir gente tan lerda en su consulta o si levantarme y darles una somanta de hostias a las dos ingenuas que se creÃan todo lo que estaba impreso en semejante panfleto.
Llega la asistente del quiromasajista y me anuncia que la terma está lista y que dispongo de media hora para mi tratamiento antiestrés antes de que me ajustaren la columna. Mano de santo. Con el silencio, esa medicina impagable, me rebozo en paz y serenidad.
Esta mañana he desayunado jalea real con yinsen para superar el virus de mala baba que me he cogido con la vuelta al trabajo. Y no sé por qué, me da que la columna aún no está del todo a punto.
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