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8 Febrero 2012 – 14:40 | Sin Comentarios

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Eduardo Mendicutti: “Leo a escritores a los que no soporto, sólo para confirmar que tengo buenas razones para no soportarlos”

Escrito por sincolumna el 7 Junio 2004 – 00:23Sin comentarios

Eduardo Mendicutti: “Leo a escritores a los que no soporto, sólo para confirmar que tengo buenas razones para no soportarlos”

EDUARDO MENDICUTTI (Sanlúcar de Barrameda, 1948). En sus comienzos como narrador obtuvo premios como el Sésamo y el Cafe Gijón, ambos de novela corta, por “Tatuaje” y “Cenizas”, respectivamente. Hasta la fecha ha publicado diez novelas y dos libros de narraciones, con títulos como “Una mala noche la tiene cualquiera” (1982), “Siete contra Georgia” (1987), “Tiempos mejores” (1988), “El palomo cojo” (1991) -finalista del Premio Nacional de Narrativa en 1992 y llevada al cine por Jaime de Armiñan en 1993-, “Los novios búlgaros” (1995) -posteriormente en película dirigida por Eloy de la Iglesia en 2003-, “Fuego de marzo” (1996), “Yo no tengo la culpa de haber nacido tan sexy” (1997), “El beso del cosaco” (2000) y “El ángel descuidado” (2002) -premio de Narrativa del programa El Público de Canal Sur Radio y premio Andalucía de la Crítica, 2002-. También ha publicado “Duelo en Marilyn City” (La Esfera de los Libros, 2003), un particular homenaje a las novelas de vaqueros. Es columnista del diario “El Mundo” y de la revista “Zero”.

LA ENTREVISTA

1. ¿Qué es una columna?
Un texto de opinión, una glosa informativa o literaria, un texto -dentro de una periodicidad establecida, o no- firmado, que responde a un enfoque personal del autor y tiene una estructura y un estilo -el que sea- literarios. Creo que un artículo y una columna pueden ser cosas diferentes. El artículo tiene una mayor independencia y extensión, e incluso se maqueta de modo distinto (son típicos artículos, por ejemplo, los de la tercera de ABC, o los que publican El PAIS y EL MUNDO bajo el epígrafe de “Tribuna” o “Tribuna Libre”). La columna es más breve, en general tiene una maqueta establecida, y está más pegada a la actualidad inmediata. No son columnas, en cambio, los llamados “apoyos”, textos breves y firmados que aportan una visión personal o una información específica al asunto que se aborda en una información más amplia. Yo leo aquellas columnas de opinión que están firmadas por gente que escribe bien, por gente que suele exponer ideas inconformistas y atrevidas y, a veces, por escritores a los que no soporto, sólo para confirmar que tengo buenas razones para no soportarlos. Hay colaboradores de prensa cuyas columnas no leo jamás: no me interesan. No creo que mis opiniones sean especialmente relevantes, pero sí espero encontrar lectores que estén de acuerdo o en desacuerdo con ellas. Cosechar adhesiones o rechazos está bien, sólo me deprimiría comprobar que no me lee casi nadie. Pero teniendo claro que una columna no puede cambiar nada. En todo caso, el estado de ánimo de alguien, si le hace llorar, reír o indignarse. Y la verdad, eso ya es bastante. ¿Son necesarias las columnas de opinión? Necesarias, necesarias, no sé. Son útiles. Recogen opiniones concretas y, si son contrapuestas dentro de un mismo periódico -en El Mundo ocurre-, mejor que mejor.

2. Publiqué mi primera columna en…
De manera profesional -o sea, contratado como columnista-, en El Mundo, cuando se fundó el periódico. Y ahí sigo desde entonces, aunque ha habido cambios en la periodicidad. Al principio, era una columna semanal. Después, dado el éxito de crítica y público, dos columnas a la semana. Luego, una columna semanal en la edición nacional, y dos columnas semanales en la edición de Andalucía. Ahora, una columna semanal, tanto en la edición nacional del periódico, como en la edición de Andalucía. (Prefiero no pensar hasta qué punto el éxito o el fracaso de crítica y público ha tenido algo que ver en los últimos cambios). Mi primera columna hablaba del cambio de uniforme de los policías nacionales: ya no eran “grises”, pasaban a ir “vestidos de azul”. La oferta, que acepté de publicar columnas periódicamente se me hizo a raíz de la reedición de una novela mía, Una mala noche la tiene cualquiera, que tuvo bastante repercusión. Desde luego, la oferta no se me habría hecho si esa novela no hubiese tenido algo de éxito. Por lo general, hace falta tener un “nombre” -a nivel local también sirve- para que se te dé la oportunidad de ser columnista. El día que deje de publicar columnas, algunos de mis lectores lo celebrarán muchísimo, otros lo sentirán mucho, y yo creo que algo lo echaré de menos.

3. ¿En qué se inspira para elegir tema?
En la prensa de la semana (y cuando digo prensa, me refiero también a los otros medios de comunicación). Antes, me divertía elegir una frase llamativa -por divertida, por equívoca, por grotesca- de alguien y montar todo un artículo sobre eso. Cada vez lo hago menos, quizás porque la gente cada vez es menos audaz a la hora de decir cosas. Cuando no se me ocurre nada, miro la primera plana del periódico del día y, sobre alguna de los titulares que publica, hago lo que puedo. La Susi nació en aquella primera columna de policías vestidos de azul. Pregunté en el periódico si en las columnas podía utilizar un personaje de ficción y me dijeron que sí, que manos libres. La Susi, en realidad, es prima hermana de La Madelón, el travesti protagonista y narrador de Una mala noche la tiene cualquiera. No hay temas para las columnas “serias” y para las de la Susi. Cualquier tema sirve para ambos casos. Pero el enfoque, el lenguaje, el tono e incluso la estructura de la columna -más narrativa cuando las protagoniza la Susi ointerviene en ellas- son diferentes y particulares. Es, siempre, una cuestión de estilo. En cuanto a la idea de recopilar las columnas de La Susi en el vestuario blanco, partió de la editorial, La Esfera de Los Libros. Yo dije que sí, porque me daba poco trabajo: alguna corrección, alguna explicación, alguna ampliación. Pero siempre ha habido propuestas para publicar las columnas de otros en libro, e incluso me las pedían algunos lectores. Siempre, hasta ahora, me ha dado pereza hacerlo.

4. Alguna columna que me haya traído problemas…
Ninguno grave. El humor ayuda, supongo, a que los damnificados pasen el trago.

5. ¿A mano o a máquina?
Durante mucho tiempo, escribí las columnas a máquina y las mandaba por fax. Era una tortura. En 1999, me pasé al ordenador. Una bendición.

6. ¿Censura o autocensura? ¿Hay asuntos de los prefiere no escribir?
No hay asuntos que me tenga vedados. Siempre he escrito mis columnas sobre lo que me ha parecido oportuno en cada momento. En cuanto a la censura, son peores los empresarios que los políticos a la hora de reaccionar frente a una columna adversa. Los políticos aguantan muy bien. La censura económica hace más mella de lo que parece.

7. El mejor columnista de España es o ha sido…
El mejor columnista español actual me parece que es Juan José Millás. Tiene sus días flojos, claro, como todo el mundo. Pero casi siempre es sorprendente, brillante, sarcástico y contundente. Logra ofrecer una mirada nueva sobre el mundo. Umbral es ya un clásico. Y sigue siendo casi siempre magnífico. Es verdad que hay pocas mujeres columnistas. Y no veo ninguna razón para que sea así. Incluso en el caso de que las mujeres escriban de otra manera y prefieran tratar determinados temas, no veo que eso tenga nada de malo. Y supongo que sobre esto sigue habiendo mucho que discutir.

8. La libertad de opinión tiene como límite…
El único limite es el respeto a las leyes. Luego, uno puede ser cruel o piadoso, y que cargue con las consecuencias.

9. Nunca sería columnista de…
Bueno: nunca hay que decir de esa agua no beberé. Mis columnas en El Mundo -y las de Javier Ortiz, por ejemplo- son muchas veces ejemplo de la posibilidad de que un columnista de discrepe de la línea editorial de su periódico, incluso semana a semana. Nunca he tenido, en ese sentido, el menor problema.

10. ¿Todas las opiniones son respetables?
Ninguna opinión debe ser objeto de castigo penal, y ojalá ninguna fuera motivo de represalia profesional. Pero no todas las opiniones son respetables. Algunas opiniones yo las desprecio profundamente – y supongo que alguien despreciará las mías -, pero jamás apoyaré que a alguien se le castigue por expresar o escribir su opinión.

11. ¿Cómo escribe sus columnas?
Procuro escribir mis columnas entre doce del mediodía y tres de la tarde. Entre dos o tres horas es lo que suelo tardar en hacerlo. Ninguna manía especial. Y, en general, escribo en mi despacho, y, los sábados, en la mesa de estudio que tengo en casa.

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-Entrevista: “Querer ser distinto a los demás siempre tiene un precio”
-Columnas de La Susi

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