Eduardo Mendicutti: “Leo a escritores a los que no soporto, sólo para confirmar que tengo buenas razones para no soportarlos”
EDUARDO MENDICUTTI (Sanlúcar de Barrameda, 1948). En sus comienzos como narrador obtuvo premios como el Sésamo y el Cafe Gijón, ambos de novela corta, por “Tatuaje” y “Cenizas”, respectivamente. Hasta la fecha ha publicado diez novelas y dos libros de narraciones, con tÃtulos como “Una mala noche la tiene cualquiera” (1982), “Siete contra Georgia” (1987), “Tiempos mejores” (1988), “El palomo cojo” (1991) -finalista del Premio Nacional de Narrativa en 1992 y llevada al cine por Jaime de Armiñan en 1993-, “Los novios búlgaros” (1995) -posteriormente en pelÃcula dirigida por Eloy de la Iglesia en 2003-, “Fuego de marzo” (1996), “Yo no tengo la culpa de haber nacido tan sexy” (1997), “El beso del cosaco” (2000) y “El ángel descuidado” (2002) -premio de Narrativa del programa El Público de Canal Sur Radio y premio AndalucÃa de la CrÃtica, 2002-. También ha publicado “Duelo en Marilyn City” (La Esfera de los Libros, 2003), un particular homenaje a las novelas de vaqueros. Es columnista del diario “El Mundo” y de la revista “Zero”.
LA ENTREVISTA
1. ¿Qué es una columna?
Un texto de opinión, una glosa informativa o literaria, un texto -dentro de una periodicidad establecida, o no- firmado, que responde a un enfoque personal del autor y tiene una estructura y un estilo -el que sea- literarios. Creo que un artÃculo y una columna pueden ser cosas diferentes. El artÃculo tiene una mayor independencia y extensión, e incluso se maqueta de modo distinto (son tÃpicos artÃculos, por ejemplo, los de la tercera de ABC, o los que publican El PAIS y EL MUNDO bajo el epÃgrafe de “Tribuna” o “Tribuna Libre”). La columna es más breve, en general tiene una maqueta establecida, y está más pegada a la actualidad inmediata. No son columnas, en cambio, los llamados “apoyos”, textos breves y firmados que aportan una visión personal o una información especÃfica al asunto que se aborda en una información más amplia. Yo leo aquellas columnas de opinión que están firmadas por gente que escribe bien, por gente que suele exponer ideas inconformistas y atrevidas y, a veces, por escritores a los que no soporto, sólo para confirmar que tengo buenas razones para no soportarlos. Hay colaboradores de prensa cuyas columnas no leo jamás: no me interesan. No creo que mis opiniones sean especialmente relevantes, pero sà espero encontrar lectores que estén de acuerdo o en desacuerdo con ellas. Cosechar adhesiones o rechazos está bien, sólo me deprimirÃa comprobar que no me lee casi nadie. Pero teniendo claro que una columna no puede cambiar nada. En todo caso, el estado de ánimo de alguien, si le hace llorar, reÃr o indignarse. Y la verdad, eso ya es bastante. ¿Son necesarias las columnas de opinión? Necesarias, necesarias, no sé. Son útiles. Recogen opiniones concretas y, si son contrapuestas dentro de un mismo periódico -en El Mundo ocurre-, mejor que mejor.
2. Publiqué mi primera columna en…
De manera profesional -o sea, contratado como columnista-, en El Mundo, cuando se fundó el periódico. Y ahà sigo desde entonces, aunque ha habido cambios en la periodicidad. Al principio, era una columna semanal. Después, dado el éxito de crÃtica y público, dos columnas a la semana. Luego, una columna semanal en la edición nacional, y dos columnas semanales en la edición de AndalucÃa. Ahora, una columna semanal, tanto en la edición nacional del periódico, como en la edición de AndalucÃa. (Prefiero no pensar hasta qué punto el éxito o el fracaso de crÃtica y público ha tenido algo que ver en los últimos cambios). Mi primera columna hablaba del cambio de uniforme de los policÃas nacionales: ya no eran “grises”, pasaban a ir “vestidos de azul”. La oferta, que acepté de publicar columnas periódicamente se me hizo a raÃz de la reedición de una novela mÃa, Una mala noche la tiene cualquiera, que tuvo bastante repercusión. Desde luego, la oferta no se me habrÃa hecho si esa novela no hubiese tenido algo de éxito. Por lo general, hace falta tener un “nombre” -a nivel local también sirve- para que se te dé la oportunidad de ser columnista. El dÃa que deje de publicar columnas, algunos de mis lectores lo celebrarán muchÃsimo, otros lo sentirán mucho, y yo creo que algo lo echaré de menos.
3. ¿En qué se inspira para elegir tema?
En la prensa de la semana (y cuando digo prensa, me refiero también a los otros medios de comunicación). Antes, me divertÃa elegir una frase llamativa -por divertida, por equÃvoca, por grotesca- de alguien y montar todo un artÃculo sobre eso. Cada vez lo hago menos, quizás porque la gente cada vez es menos audaz a la hora de decir cosas. Cuando no se me ocurre nada, miro la primera plana del periódico del dÃa y, sobre alguna de los titulares que publica, hago lo que puedo. La Susi nació en aquella primera columna de policÃas vestidos de azul. Pregunté en el periódico si en las columnas podÃa utilizar un personaje de ficción y me dijeron que sÃ, que manos libres. La Susi, en realidad, es prima hermana de La Madelón, el travesti protagonista y narrador de Una mala noche la tiene cualquiera. No hay temas para las columnas “serias” y para las de la Susi. Cualquier tema sirve para ambos casos. Pero el enfoque, el lenguaje, el tono e incluso la estructura de la columna -más narrativa cuando las protagoniza la Susi ointerviene en ellas- son diferentes y particulares. Es, siempre, una cuestión de estilo. En cuanto a la idea de recopilar las columnas de La Susi en el vestuario blanco, partió de la editorial, La Esfera de Los Libros. Yo dije que sÃ, porque me daba poco trabajo: alguna corrección, alguna explicación, alguna ampliación. Pero siempre ha habido propuestas para publicar las columnas de otros en libro, e incluso me las pedÃan algunos lectores. Siempre, hasta ahora, me ha dado pereza hacerlo.
4. Alguna columna que me haya traÃdo problemas…
Ninguno grave. El humor ayuda, supongo, a que los damnificados pasen el trago.
5. ¿A mano o a máquina?
Durante mucho tiempo, escribà las columnas a máquina y las mandaba por fax. Era una tortura. En 1999, me pasé al ordenador. Una bendición.
6. ¿Censura o autocensura? ¿Hay asuntos de los prefiere no escribir?
No hay asuntos que me tenga vedados. Siempre he escrito mis columnas sobre lo que me ha parecido oportuno en cada momento. En cuanto a la censura, son peores los empresarios que los polÃticos a la hora de reaccionar frente a una columna adversa. Los polÃticos aguantan muy bien. La censura económica hace más mella de lo que parece.
7. El mejor columnista de España es o ha sido…
El mejor columnista español actual me parece que es Juan José Millás. Tiene sus dÃas flojos, claro, como todo el mundo. Pero casi siempre es sorprendente, brillante, sarcástico y contundente. Logra ofrecer una mirada nueva sobre el mundo. Umbral es ya un clásico. Y sigue siendo casi siempre magnÃfico. Es verdad que hay pocas mujeres columnistas. Y no veo ninguna razón para que sea asÃ. Incluso en el caso de que las mujeres escriban de otra manera y prefieran tratar determinados temas, no veo que eso tenga nada de malo. Y supongo que sobre esto sigue habiendo mucho que discutir.
8. La libertad de opinión tiene como lÃmite…
El único limite es el respeto a las leyes. Luego, uno puede ser cruel o piadoso, y que cargue con las consecuencias.
9. Nunca serÃa columnista de…
Bueno: nunca hay que decir de esa agua no beberé. Mis columnas en El Mundo -y las de Javier Ortiz, por ejemplo- son muchas veces ejemplo de la posibilidad de que un columnista de discrepe de la lÃnea editorial de su periódico, incluso semana a semana. Nunca he tenido, en ese sentido, el menor problema.
10. ¿Todas las opiniones son respetables?
Ninguna opinión debe ser objeto de castigo penal, y ojalá ninguna fuera motivo de represalia profesional. Pero no todas las opiniones son respetables. Algunas opiniones yo las desprecio profundamente – y supongo que alguien despreciará las mÃas -, pero jamás apoyaré que a alguien se le castigue por expresar o escribir su opinión.
11. ¿Cómo escribe sus columnas?
Procuro escribir mis columnas entre doce del mediodÃa y tres de la tarde. Entre dos o tres horas es lo que suelo tardar en hacerlo. Ninguna manÃa especial. Y, en general, escribo en mi despacho, y, los sábados, en la mesa de estudio que tengo en casa.
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