Leganés, más terror
Me une a Leganés una relación ancestral. Recuerdo de niño, cuando echaban “La bola de cristal” y jugábamos a las chapas en el descampado que habÃa junto al colegio, cómo los chicos del barrio hablaban de las bandas de Leganés. Me imaginaba entonces que en aquel pueblo de Madrid, muy cerquita de nosotros, vivÃan todos los maleantes del mundo. CreÃa que en la ciudad pepinera los chicos se dedicaban a tirar de navaja y robarle los cromos a todo hijo de vecino; pensaba que serÃa imposible que te regalaran una bici “California BH” sin que te la levantaran antes de doblar la esquina.
Después, cuando construyeron “La Cubierta” y “el Lega” subió a segunda mi imagen se fue afinando. Comprendà que no todos los habitantes de este municipio de aluvión extremeño y andaluz eran unos mangantes. Comprobé que los “makokis” existen en todas partes y si bien en Leganés proliferaban los coches con alerón y la música maquinera, sus vecinos eran como los mÃos.
Mi chica vive en Leganés. El sábado tenÃa miedo y no querÃa ir a su casa. Las noticias que llegaban eran confusas. Un tiroteo en Leganés Norte, varias explosiones en Zarzaquemada, los cines de Parquesur desalojados… de nuevo el cosquilleo incómodo del 11-M se apoderaba de nosotros. Alguien habló de una Tercera Guerra Mundial en la que no existÃan los territorios, en la que un grupo de malnacidos se escudaba en religiones y nacionalismos para hacerle el juego a no se sabe quién, para reclamar no se sabe qué. El sábado el alcalde de Leganés explicaba que las bombas que destrozaron un bloque de viviendas llevándose por delante la vida de cuatro terroristas y un policÃa podÃan haber estado ocultas en cualquier municipio del mundo, que nada tenÃa que ver con el aumento de la población inmigrante, que los hijos de puta de mente en blanco y corazón de corcho no representan a ningún paÃs, no son miembros de ninguna religión. Cuando leÃa la prensa de ayer, cuando veÃa las noticias de Leganés, revivà el temor infantil a las pandillas pepineras fruto de la ignorancia de un niño que no veÃa más allá de la plaza que era su mundo. Ahora el miedo parece que va en serio.
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