Lágrimas de cofrade
Guille, el hermano menor de mi adorada Mafalda, se habÃa caÃdo al ir a coger un tarro de galletas aupándose en una silla. El golpe fue macanudo, tú. Pero no habÃa nadie en la casa, de modo que se sentó en la puerta de entrada a esperar público. En esto entra su madre y, de pronto, se coge un cuajo de agárrate y no te menees. PsicologÃa pura. Asà son las tiras de Quino. El Jueves Santo me pareció ver la misma escena televisada. Cientos de cofrades madrileños y sevillanos aparecÃan en televisión llorando su pena. La lluvia impedÃa el espectáculo de los capirotes y las saetas, de los cirios y los cilicios, de pies descalzos y estatuas bamboleantes. No voy a esconder que la religiosidad popular nunca ha sido santo de mi devoción. Más que nada porque suele ser más popular que religiosa. Tampoco voy a ocultar mi resistencia a todo rito vacÃo, o sea, que no vaya más allá de la mera representación superficial y exhibicionista. Y la Semana Santa callejera, opulenta, dorada, musicalizada y con japoneses haciendo fotos no me parece que sea la verdadera expresión de una fe sólida y razonada. Aunque doctores tiene la Iglesia, tan santa y tan pecadora a un tiempo. Es lo que hay.
No dudo de la sinceridad de las lágrimas de esos cofrades televisados. Las lágrimas de Guille también tenÃan motivo. Lo que pasa es que, después de leer la crÃtica desnuda que Mariola Cubells hace de los programas del corazón, me pareció estar asistiendo a un nuevo formato catódico, el de los programas roso-religiosos. Algo muy ad hoc tras la polémica Ketchup Christi de Gibson o la oportunista Mala educación del mariquita Almodóvar.
El dios SOFRES -empresa que mide audiencias, dicta el precio de la publi y el éxito de un producto audiovisual- confirma mis intuiciones. Los dÃas siguientes las televisiones nos bombardean con programas del corazón en los que los testimonios son experiencias religiosas a lo Enrique Iglesias. Se reponen las pelis de siempre: Espartaco, Ben Hur, Rey de Reyes, La Historia más grande jamás contada, una biografÃa del Padre PÃo por capÃtulos y El tercer milagro. Y hasta las retransmisiones desde Roma, con el Papa moribundo, parecen un episodio más de esta creciente ola mÃstica de lágrimas televisadas que nos invade.
Que Dios nos perdone y nos resucite.
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Hola Malou, no habÃa oÃdo hablar de ese documental. Me pongo a buscarlo para echarle un vistazo. Si lo localizo sin necesidad de acudir a “la mula” te lo hago saber.
Amigo Walter, cómo te echaba de menos. Estoy de acuerdo en el razonamiento que haces, pero como ya habÃa hablado en el párrafo anterior de las audiencias querÃa centrarme sólo en el espectáculo deportivo “in situ”. De todos modos agradezco que me sigas leyendo y que el texto (esta vez no muy trabajado, lo confieso) te haya suscitado la inquietud suficiente como para dejar un comentario.
Un abrazo.
“Parece que todo el mundo está ansioso por saber de fútbol, por consumir noticias de fútbol, que nadie en este paÃs es ajeno al deporte del balón. Pero nada más lejos de la realidad. Basta con sumar la cantidad de personas que acude a los estadios”
Hombre Santi, te puede gustar el fútbol sin tener que ir al estadio. También hay gente a la que le gusta al cine y no va al cine. Y gente a la que le gusta Estopa y jamás ha ido a un concierto suyo.
por esto mismo me pareció tan interesante el documental “fabrica de famosos” que desgraciadamente no aparece en RTVE a la carta para poder volver a verlo o quizá recomendarlo
siempre queda el emule
salu2