La inconsolable tristeza de cosechar un solo punto en la visita a El Sadar
La vida se construye a base de pequeñas pero sólidas gilipolleces. Edificamos nuestra existencia a partir de tonterÃas que, una tras otra, nos invitan a que el tiempo pase para asà no tener que atormentarnos pensando qué coño pintamos aquÃ, en medio del tablero.
Todas las mañanas, cuando voy con el sentimiento de culpa, la sensación de extravÃo y el pudor del fracaso camino del trabajo, me paro ante un Renault ClÃo azul metalizado para pegar con mis dedos Ãndice y corazón una pegatina del Principado de Asturias que está perdiendo la adherencia en su esquina superior derecha. Cuando termino miro mi obra durante un instante y sonrÃo como si acabara de plagiar un Van Gogh o puesto a dieta un Botero. A los dos pasos pienso que me falta un verano, pero al dÃa siguiente hago la misma operación. Y si una mañana llego tarde al trabajo -dos sábanas pegadas- y al pasar por esa calle el Renault ClÃo azul metalizado no está, me tiro todo el dÃa de mal humor, pensando que la pobre pegatina pueda morir en el suelo de un garaje o en el arcén de la M-30. Soy asà de imbécil, que le voy a hacer. Tampoco me paro a pensar que el dueño del vehÃculo y de la pegatina pueda ser un capullo de mierda o un Ministro de Defensa, no sé, y que en el fondo quizá merezca que la pegatina se le despegue de una puñetera vez.
La vida son estas absurdeces. Quién entiende si no que pongas una lavadora de ropa blanca, metas un par de calcetines de deporte, los tÃpicos con la raya azul y la raya roja, y salga sólo uno, por más que busques el otro y metas la cabeza con el casco de minero y todo en el tambor. No aparece, el muy cabrón. Es una gilipollez, pero pasa. Y no un dÃa, ni dos. Pasa siempre, coño. Yo tengo la hipótesis de que existe un territorio mÃtico donde se encuentran los millones de calcetines desparejados que nunca salen de la lavadora, junta a otras cosas inútiles como las primeras rebanadas del pan Bimbo o los funcionarios de Correos.
Pero el mayor grado de subnormalidad vital lo padecen esos tipos, como un fontanero de Rivendel amigo mÃo, que se pasan la semana amargados porque el Real Madrid ha empatado cero cero en el Sadar o porque Guti padece un proceso gripal. Él no se da cuenta de que el tal Guti, o el que sea, no sabe lo que es madrugar, sufrir, pasar hambre o pensar, mientras que él tiene que ahorrar para llegar a pobre, y al otro lado del rellano los gritos de los últimos meses se han dejado de oÃr de repente porque su vecino ya ha conseguido matar a su mujer a hostias.
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