Corazón de viento
A mi padre el sentimiento de culpa le hacÃa llaga en el talón de su pie izquierdo. SabÃa que me habÃa abandonado sin vacunar en el arcén de la vida e intentó saldar su deuda pagándome visitas a un psicólogo durante mi adolescencia. Después no le volvà a ver jamás y hoy sólo recuerdo de él una tos quebrantada y abrupta en mitad del silencio de la noche, y las discusiones con mi madre al otro lado del tabique de mi dormitorio.
En las seis primeras citas, el psicólogo me pidió que hablara acerca de mi vida para elaborar un diagnóstico fiable. Yo intenté ser fiel a mis recuerdos, que se almacenaban a deshora, pero apenas podÃa escucharme a causa de sus ronquidos. Al séptimo dÃa descansé y él me dijo que no me habÃa afectado realmente el divorcio de mis padres sino haber heredado sus sombras sin relieve. No existÃa cura para mi tendencia a la tristeza, ni para mis crisis sin ansiedad, por lo que nunca regresé a su consulta.
Ayer por la tarde, mientras les daba el segundo plato a las palomas, vi a aquel terapeuta paseando por el parque. HabÃa perdido casi todo el cabello en el camino, y los cuatro pelos que le quedaban parecÃan rescoldos de una hoguera perdida en un callejón. Cruzamos nuestras miradas de cartón durante un instante y sentà que en el corazón de aquel tipo tiraba corriente. Arreció de pronto un viento frÃo, metálico, y él se enroscó sobre sà mismo como un gato siamés. Después siguió su viaje transparente, azotado por el aire revolucionado de la tarde. Recordé entonces aquellas siete sesiones tumbado sobre un diván de corcho, y supe que aquel hombre era el único que habÃa encontrado explicación a esta vida sin sentido.
Popularidad: 1%
Te puede interesar...
