Vida en jaque
Óscar supo que habÃa madurado una tarde de noviembre, cuando se sorprendió a sà mismo esquivando los charcos olvidados por la lluvia en las aceras. Hasta entonces soñaba que no despertaba y estornudaba canciones.
Desde aquel dÃa, Óscar lleva zapatos invertidos y tiende sus ojeras en la cornisa de la ventana del salón. Ve por el retrovisor cómo se suceden dÃas iguales, mientras el fémur diagnostica marejada con áreas de fuerte marejada y todos los lunes se despliega un toldo marrón sobre su pecho.
Jamás ha regresado a la azotea de casa de sus padres y cuenta las estrellas con calculadora.
Óscar guarda los libros zurdos de su juventud en la balda inferior de la nevera para captar la atención de su hijo Carlos que, aún asÃ, no consigue distinguir entre un danio y un bakunin.
Hace años que Óscar piensa que se ha enrocado en la vida y trata de recuperar el tiempo perdido cuando su primera mujer le concede la custodia de su hija Rosa el tercer fin de semana de cada mes. La última vez quedaron para recoger castañas y a la niña le entró una crisis de ansiedad cuando dejaron atrás el desvÃo del centro comercial.
Óscar se viste las gafas de cerca para otear el horizonte y siente que lo que dejó atrás ya pertenece a otro. Desde hace varios años piensa que las cartas y las medias fotografÃas son traicioneras y su idea de mejorar es conseguir una firma pulcra en el recibo del Ocaso.
Cada mañana Óscar se despierta con un pinchazo en la espalda causado por las agujas del reloj y sabe que el dÃa que está por llegar ha sido ya inventado.
Popularidad: unranked
Te puede interesar...
