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TodavÃa no he visto el anuncio de Freixenet, pero he leÃdo los anuncios sobre el anuncio. Es lo más de lo más en el mundo de la publicidad: hacer publicidad de la propia publicidad, que debe ser –Mà rius Serra mediante– autoespotismo, o algo por el estilo. Lo importante ya no es vender el producto, sino vender el anuncio. Incluso hay un empresa americana, Tought Equity, que compra por poco dinero a las grandes agencias los anuncios obsoletos y se los coloca, tras un pequeño lavado de cara, a los anunciantes locales. Como si Marcial, el electricista de mi pueblo, pusiera La chispa de la vida en su decauve. O algo por el estilo. El eslogan caduca, como los yogures que anuncia. Es la hostia. Total, que escaneas el periódico y te encuentras con que, esta noche, tachán tachán, estreno de lo de Freixenet. Como todos los años, pero con Paz Vega. TodavÃa no lo he visto en la tele, ya digo, pero sé de qué va porque lo han contado en las revistas, lo han glosado en la radio e incluso han narrado las exquisiteces de la actriz, que se negó a viajar a Viena para presentar el anuncio en el anuncio del anuncio. O sea.
Ahora se lleva lo de anunciar. El Gobierno anuncia planes, las carteleras anuncian estrenos de pelÃculas, los cantantes anuncian discos y los medios de comunicación, exclusivas. Y para todos ellos parece más importante el anuncio que el plan, que la pelÃcula, que las canciones o los hechos. En televisión no importa el libro, sino el acto de presentación, ni la peli, sino el desfile de modelos de la premiere. Nos fijamos en el dedo, que dice mi abuelo, y no en lo que señala.
Lo recordaba el otro dÃa Gabilondo en la radio. Antes las marcas pagaban para que se hablara de sus productos, para que su logotipo saliera por la tele o en un papel de periódico. Hoy hay gente capaz de aflojar cartera para poder llevar una palabra en la espalda, un cocodilo en la pechera, un trazo esquizofrénico en el empeine de una zapatila. ¿Quién le hace el favor a quién?
Los últimos estudios de los editores de prensa constatan un descenso de la publicidad contratada. normal. Los periodistas somos tan tontos que les hacemos la campaña gratis, ¿para que´gastar dinero en módulos y faldones si las páginas de comunicación van a hablar del anuncio retirado de tal marca, del estreno de tal spot, de la música que se usa en el de más allá? Publicidad de la publicidad. Ya no se venden productos, sino anuncios del producto, o sea, se vende y se compra el envoltorio, o sea, el celofán, o sea, la nada. El medio es el envase, amiguitos. O sea.
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