De veleros y lentejas
La lavadora centrífuga mientras el agua de lluvia alfombra las aceras de hojas amarillas. El olor de las lentejas a fuego lento se funde con el calor de los radiadores que me tienen en camiseta. Es un día más. Normalidad y rutina. Enciendo un cigarrillo y pienso de dónde voy a sacar pasta para comprarle más veneno al camello del estanco. Un amasijo de facturas sobre la mesa se mezcla con montones de hojas, apuntes, cuadernos y notas que esperan ser puestas en orden para su publicación. Todo es como siempre. Sigue lloviendo.
Los periódicos giran la cabeza para mirar un año atrás. El Prestige vuelve a llenar de chapapote nuestros desayunos, comidas y cenas. Otra vez el metro y el autobús, la gente que va y viene, las historias anónimas de compañeros de viaje en un trayecto repetido. Nadie habla. Nadie se mira. Nadie se toca. Parece que es ayer, parece mañana. Los días se repiten.
Dormir, comer, trabajar, ir, volver, vuelta a empezar.
Suena el timbre. Voy a abrir. Es mi vecino. Me trae una historia para aderezar el postre. Un tío de Barcelona ha cogido a sus hijos y se pira en un velero a dar la vuelta al mundo. Hago como que me interesa. Se da cuenta y me suelta: “Se le murió un amigo y comprendió que la vida es algo más”. Ahí me ha tocado.
Busco información para confirmar el hecho. En efecto. EFE. Sábado 15 noviembre. Familia española inicia vuelta al mundo en velero. El capitán del barco, Carles Farssac, ha explicado que la idea de dar la vuelta al mundo en un barco se le ocurrió a raíz de la muerte de una persona cercana. “Reflexioné sobre lo que estaba haciendo -dijo-, lo que había hecho y qué podía hacer en la vida. Entonces busqué algo para que en el momento de mirar atrás viera que mi vida, además de trabajar, había tenido algo que me llenara y se me ocurrió la idea de dar la vuelta al mundo”.
Bajo las escaleras. Toco el timbre. Sale mi vecino. Esta noche nos vamos de cena. Me pregunta por mi trabajo, por mis papeles y mis angustias, mi falta de tiempo y las rutinas cultivadas. Respondo. Da gracias a que Madrid no tiene mar.
Ha terminado el programa de la lavadora. Ya no llueve. Apago la calefacción. Las lentejas están buenísimas.
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